Como se indicó anteriormente, en la mecánica cuántica existe una propiedad conocida como entrelazamiento o conexión no local. Alain Aspect estableció que el universo en su nivel más básico es no-local. Esto demuestra que la información no necesita viajar del punto A al punto B porque no necesita viajar en absoluto. [Aspect, 1982]
El entrelazamiento es la forma en que dos o más partículas (materia-energía), que compartieron un origen común, mantienen una correlación entre algunos de sus estados, incluso si estas partículas están separadas grandes distancias. Es como si el espacio-tiempo entre dos partículas entrelazadas ni siquiera existiese (tal y como lo entendemos en el mundo macroscópico). En cierto sentido, los seres vivos podrían estar en entrelazamiento macroscópico cuántico con la tierra, porque compartieron sus elementos (átomos y partículas) con esta.
En septiembre de 2009, Deepak Chopra entrevistó al físico Dr. Michio Kaku, y comentó sobre este fenómeno no local, diciendo: «Sabes, cuanto más escucho sobre el entrelazamiento cuántico, suena como un descripción matemática de omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia», a lo que el Dr. Kaku respondió: «Eso es a lo que conduce. Su teoría dice que existo porque miras, alguien te mira para que existas, entonces, ¿quién mira?, ¿quién nos mira? Bueno, Dios.
La propiedad del entrelazamiento macroscópico cuántico (de reciente confirmación experimental; ver «entrelazamiento macroscópico») es una clara evidencia en apoyo de la «Consciencia Unitaria» (Ver Consciencia Transpersonal o Trascendental). Demuestra que el mundo de la forma (espacio-tiempo y materia-energía) está precedido por una mente «detrás de escena». ¿De qué otra manera podrían interactuar estas partículas si no existiera un «Campo Unificado de Consciencia» o un «Campo de Información»?
En la interpretación de Copenhague [Bohr, 1927] de la mecánica cuántica, la consciencia (observación) puede afectar el mundo físico que nos rodea. Según esta interpretación, mientras no haya consciencia observando un sistema (un sistema de partículas, etc.), entonces el sistema evolucionará en el tiempo según la ecuación de Schrödinger [Schrödinger, 1935]. Sin embargo, en el momento en que un observador consciente observa el sistema, repentinamente deja de obedecer las leyes de la mecánica cuántica y, en lugar de estar en una superposición de estados, se ajusta a un estado (se colapsa o reduce). En esencia, el acto de observación crea una realidad definida.
A mediados de la década de 1990, se propuso que la consciencia podría depender de procesos cuánticos coherentes (función de onda como superposición de otros estados puros) biológicamente ‘orquestados’ en colecciones de microtúbulos dentro de las células cerebrales (neuronas y neuroglía)
Estos procesos cuánticos, de forma cooperativa, regularían la actividad sináptica tripartita (neurona presináptica, neurona postsináptica y astrocito), siguiendo una evolución temporal según el formalismo de Schrödinger.
El proceso termina de acuerdo con el esquema de ‘colapso’ o ‘reducción objetiva’ (OR) del estado cuántico (función de onda)
Penrose y Hameroff propusieron que la actividad OR orquestada (Orch OR) ocurriría para dar como resultado momentos de consciencia o elección consciente.
La forma OR está relacionada con los fundamentos de la mecánica cuántica y la geometría del espacio-tiempo, por lo que Orch OR sugiere que existe una conexión entre los procesos biomoleculares del cerebro (proteínas MAPs de los microtúbulos celulares del tejido nervioso) y la estructura básica del universo. El tiempo de decoherencia (pérdida de la superposición coherente de estados cuánticos) de las tubulinas, en el ambiente cerebral, se podría estimar en unos 0,5 s. [Penrose y Hameroff. 2014]
Teniendo en consideración resultados experimentales recientes en el área de la biología cuántica, Penrose y Hameroff publicaron en 2013 en la revista Physics of Life Reviews una serie de revisiones sobre su teoría, sobre todo a partir del descubrimiento de vibraciones cuánticas a temperaturas cálidas en los microtúbulos del interior de las células cerebrales. Una prueba que, según ellos, corrobora su hipótesis. [Penrose y Hameroff, 2014]
Con posterioridad a la teoría inicial de Penrose y Hameroff, muchos autores han encontrado que lo publicado en su momento por David Bohm podría guardar cierta relación con el marco conceptual de Penrose y Hameroff, dando lugar al modelo de Bohm-Penrose-Hameroff. [Bohm, 1951] [Penrose y Hameroff, 2014]
Así y todo, las teorías de reducción objetiva de Penrose son de difícil constatación empírica. [Popper, 1957] y [Popper, 1967]

Roger Penrose. Oxford. Reino Unido. Boceto a lápiz de JMP de un original de 2018.
Tal vez, el comportamiento del cerebro pudiera ser más parecido a una computadora cuántica. Concretando más, en lugar de operar en un sistema estrictamente binario de «encendido» y «apagado» («1» y «0»), el cerebro humano trabaja con cálculos que están en una superposición de diferentes estados cuánticos al mismo tiempo. Podría tener el funcionamiento de los 0 y 1 al mismo tiempo. Sin olvidar que las computadoras se ejecutan mediante algoritmos programados.
Penrose profundiza en los orígenes de las computadoras (ordenadores), abordando el trabajo de Alan Turing, quien desarrolló un dispositivo llamado «máquina universal de Turing», que es básicamente la base de la computadora moderna. Sin embargo, Penrose argumenta que tal máquina de Turing puede tener algunas limitaciones, pero eso no significa que el cerebro también las tenga. Específicamente, cualquier algorítmico está limitado por los famosos «teoremas de incompletitud» formulados por Kurt Gödel a principios del siglo XX. Estos sistemas nunca pueden probar su propia consistencia o inconsistencia. Sin embargo, la mente humana puede probar algunos de estos resultados.
Por lo tanto, según Penrose, la mente humana no puede ser un sistema algorítmico que se pueda simular en una computadora. Durante años se ha tratado de desarrollar una computadora digital que imite el cerebro sin lograrlo, sin importar cuán complejo sea el algoritmo utilizado. Penrose propuso junto con Hameroff que el mecanismo físico de las interacciones físicas cuánticas en el cerebro utiliza los «microtúbulos» dentro las células del tejido nervioso (del SNC); aunque muchos neurocientíficos (y físicos) han expresado su escepticismo ante ese papel de los microtúbulos.
Penrose ha contribuido a la neurociencia, con su hipótesis: “la actividad mental debe ser entendida cuánticamente, postulando que existe algo en el razonamiento humano que es incomparable y superior al de una máquina”. Este razonamiento es una interpretación del principio de incompletitud de Gödel que de forma sucinta, afirma que: “en cualquier sistema consistente, existen enunciados que no pueden probarse ni refutarse a partir de los axiomas que lo definen”. En otras palabras, existen límites en la demostración de un enunciado matemático y, por tanto, en secuencias lógicas programables en una máquina.
Los dos principios de incompletitud de Kurt Gödel (1931), se encuentran entre los resultados más importantes de la lógica moderna y tienen profundas implicaciones en varias áreas del conocimiento. Estos principios de incompletitud tratan de la prueba de la consistencia de cualquier sistema formal, considerado en su totalidad (teorema 2) o sobre la posibilidad de la refutación de los algoritmos que forman parte del sistema (teorema 1). [Zach, 2005]
El Teorema de Incompletitud de Gödel afirma, en esencia, que toda teoría matemática suficientemente potente (como la aritmética), si es consistente —es decir, no contiene contradicciones—, no puede ser completa.
Esto significa que siempre existirán proposiciones verdaderas dentro del sistema que no pueden demostrarse usando las reglas y axiomas del propio sistema. Además, la consistencia del sistema tampoco puede demostrarse desde dentro de él mismo.
En resumen, ningún sistema formal capaz de expresar la aritmética puede ser, al mismo tiempo, completo y consistente. Gödel mostró así los límites de la lógica y la demostración formal: no todo lo verdadero puede probarse.
Según la implicación filosófica del teorema de Gödel, existen límites inevitables al conocimiento demostrable en la ciencia.
Gödel se refiere a sistemas formales, como los de la matemática. Su resultado muestra que hay verdades matemáticas que no pueden demostrarse dentro del propio sistema, aunque sean ciertas.
La ciencia se basa en modelos matemáticos y lógicos, pero también en observación y experimentación. Por tanto, no todo lo que es científicamente verdadero es demostrable por deducción lógica, porque la ciencia depende también de hechos empíricos, no sólo de axiomas. Sin embargo, incluso dentro de sus modelos matemáticos, la ciencia hereda esos límites de incompletitud.
En consecuencia, hay hechos o aspectos de la realidad que podrían ser verdaderos pero nunca comprobables o demostrables por medios científicos o matemáticos.
Por ejemplo, preguntas sobre el origen último del universo, la naturaleza de la consciencia, o ciertas propiedades físicas que podrían estar más allá de toda observación posible.
El teorema de Gödel muestra que la razón tiene límites internos; la ciencia, al apoyarse en ella, también encuentra fronteras que no puede traspasar.
No todo lo verdadero —ni siquiera en matemáticas— puede ser probado, y no todo lo real puede ser demostrado científicamente.
Según el psicólogo y filósofo Thich Nhat Hanh en «The Four Layers of Consciousness» (Las cuatro leyes de la consciencia) 2018: «La consciencia mental es el primer tipo de consciencia. Utiliza la mayor parte de nuestra energía. La consciencia de la mente es nuestra consciencia ‘en funcionamiento’ que hace juicios y planes; es la parte de nuestra consciencia que se preocupa y analiza. Cuando hablamos de consciencia mental, también estamos hablando de consciencia corporal, porque la consciencia mental no es posible sin el cerebro. El cuerpo y la mente son simplemente dos aspectos de la misma cosa. El cuerpo sin consciencia no es un cuerpo vivo real. Y la consciencia no puede manifestarse sin un cuerpo».
Anteriormente se comentó que, según trabajos de A Kiesel del la Universidad de Freiburgo realizados en 2020, el inconsciente, que no pertenece al plano de lo consciente, podría procesar cerca del 95% de la información mental. [Kiesel, 2020]
“La teoría cuántica puede no ser intuitiva en absoluto cuando se utiliza para describir el comportamiento de una partícula, pero en realidad es bastante intuitiva cuando se utiliza para describir nuestras mentes, normalmente inciertas y ambiguas (sobre todo en el plano inconsciente)», explicó en 2016 la científica Zheng Wang de la State University de Ohio (USA).
Volviendo al trabajo de Wang, podemos leer: “Gran parte de nuestra comprensión del pensamiento humano se basa en modelos probabilísticos. En nuestro trabajo, junto con Jerome R. Busemeyer y Peter D. Bruza, sostenemos que, en realidad, las estructuras matemáticas subyacentes de la teoría cuántica proporcionan una explicación mucho mejor del pensamiento humano (del que el 95% podría ser un procesamiento inconsciente) que los modelos tradicionales. Presentan los fundamentos para el modelado de sistemas dinámicos probabilísticos utilizando dos aspectos de la teoría cuántica. La primera, ‘contextualidad’, es una forma de comprender los efectos de interferencia que se encuentran con inferencias y decisiones en condiciones de incertidumbre. El segundo, el ‘entrelazamiento cuántico’, permite modelar los fenómenos cognitivos de formas no reduccionistas (no-locales). El empleo de estos principios extraídos de la teoría cuántica nos permite ver la cognición y la decisión humanas desde una perspectiva totalmente nueva. Al presentar los principios básicos de una manera fácil de seguir, este libro no asume un trasfondo de física o un cerebro cuántico y viene completo con un tutorial y aplicaciones completamente desarrolladas en áreas importantes de cognición y decisión.” [Wang, 2016]
Un efecto de interferencia ocurre cuando la probabilidad de la unión de dos caminos posibles es menor que cada camino individual por sí solo. Se derivan las probabilidades de elección y la distribución del tiempo de respuesta de elección para el modelo cuántico, y las predicciones se contrastan con el modelo de Markov.
Un modelo de Markov es un modelo estadístico en el que se asume que el sistema a modelar carece de memoria, lo que significa que la distribución de probabilidad depende únicamente de su valor presente, siendo independiente de la historia de dicha variable (estocástica).
A mediados de 2017 los investigadores y profesores Dirk K. F. Meijer y Hans J. H. Geesink de la Rijksuniversiteit Groningen (Universidad de Groninga) en los Paises Bajos (NL. Holanda), propusieron en la revista NeuroQuantology que nuestro cerebro (encéfalo) interactuaría con «campos globales de información holográfica», Siendo estos campos cuánticos de energía (e información), cuya geometría (espacio-tiempo) sería de tipo toroidal (en forma de rosquilla o de donuts) o campos cuánticos de información basados en sistemas de estados entrelazados (entrelazamiento cuántico) de partículas (p. ej. fotones polarizados). Esto explicaría las respuestas ultrarrápidas en el funcionamiento efectivo del tejido cerebral (encefálico). Así pues, nuestro cerebro estaría formando parte de un «espacio mental de trabajo» en relación con el «campo global de información». [Meijer y Geesink, 2017]
Ambos investigadores detallan que: «Nuestro sistema nervioso integral sería como un sistema de transmisión neuronal y una red de múltiples sistemas resonantes (citoesqueleto celular, estructuras proteínicas, oligonucleótidos, etc.) que interactuarían a modo de ‘dominio metacognitivo’ (ver más detalles, abajo), con patrones de frecuencias de resonancia características para los campos electromagnéticos (biofotones) o solitónicos (solitones), actualizándose continuamente en un espacio de ‘memoria global’, para cada momento de cada individuo.»
Puntualizan que una geometría «toroidal» es una unidad básica en la naturaleza (ver siguiente figura), siendo muy común en electromagnetismo, permitiendo, además, el acoplamiento de energía gravitatoria, energía oscura (antigravitacional), campo de energía del vacío (energía de punto cero), así como la energía del campo magnético terrestre, transmitiendo información al tejido nervioso, que sería fundamental en el procesamiento de información consciente e inconsciente a muy alta velocidad.

Geometría «toroidal»: «Circunferencia directriz» de radio «R» y «Círculo generador» de radio «r».
Los dos investigadores proponen, además, que el supuesto «espacio mental de trabajo», estaría en interacción mutua con todo el sistema nervioso, generando «autoconsciencia». Su estructura funcional se apoyaría en la mencionada geometría «toroidal» para el espacio-tiempo. Cada entidad biológica o cada espacio mental de trabajo tendría asociado varias estructuras toroidales. Esto último es fundamental para conseguir un patrón de frecuencias (con una capacidad de selectividad en frecuencia) para los «solitones» o para los «biofotones» (propuesto por el biofísico alemán Fritz A. Popp para los fotones biológicos mediadores en los biocampos -campos electromagnéticos biológicos- [Popp, 1992][Cohen y Popp, 2003]) que proporcionarían un algoritmo para procesos cuánticos «coherentes» (los estados cuánticos en superposición mantienen sus fases durante un cierto tiempo). [Bajpai, 2003]
Ambos investigadores postulan que la consciencia en todo el universo surge a través de un acoplamiento de «toroides anidados» (figura 2), a modo de fractales (que son entidades invariantes a la escala) -campos de energía e información en 4 dimensiones espaciales (4-D) más 1 temporal-. Estas estructuras toroidales estarían circunscritas en hiperesferas (4-esferas: de 4 dimensiones espaciales + 1 temporal), que incluirían mecanismos de corrección de errores cuánticos (basados en códigos topológicos). En nuestros cerebros, las estructuras serían, también, toroidales pero de 3-D espaciales (más la dimensión temporal). Los campos (4D) proyectarán su información, en forma holográfica, en un «horizonte de sucesos cerebral» de 2-D espaciales (más la dimensión temporal), a partir del cual se simularía nuestra realidad en 3D espaciales + 1 temporal. Este espacio de trabajo interactuaría con el cerebro (encéfalo) mediante señales coherentes (ondas estacionarias), guiando la plantilla cortical en relación a una mayor coordinación cognitiva y de sincronicidad, como se requiere para los estados conscientes.

Acoplamiento de «toroides anidados»: con diferentes » R» y «r».
Señalando que, en relación con el «carácter global», tendría sentido hablar de una «matriz de información universal», como un supuesto «orden implicado» (al estilo del conocido físico estadounidense David J. Bohm [Bohm, 1980]), en un contexto de las teorías espacio-temporales de la física actual. Existiría un «espacio mental de trabajo holográfico» para los campos que interaccionen con nuestros cerebros, que proporcionaría un marco de interpretación para los estados transpersonales de consciencia.
También señalan la profunda conexión de la humanidad con el cosmos (para nuestra mayor responsabilidad por el futuro de nuestro planeta). [Meijer y Geesink, 2017]
Quizá esto pudiera relacionarse con el concepto de “protoconsciencia” de Hameroff y Penrose del que se ha hablado antes; e incluso con la idea de la «matriz de información universal» del paradigma holográfico propuesto por el físico David Bohm. [Bohm, 1980] [Penrose y Hameroff, 2014]
La famosa pregunta que el filósofo analítico David J. Chalmers se realizó en 1995 [Chalmers, 1997]: ¿Cómo puede algo inmaterial como una experiencia subjetiva y de autoconsciencia surgir de un cerebro material?, se podría reformular de la siguiente manera: ¿Es la consciencia el más fundamental aspecto de la realidad? o ¿Cómo resulta la consciencia de la manifestación de la materia?
Esto implicaría que el llamado «panpsiquismo», a primera vista, puede ser un solución lógica a la pregunta de Chalmers, sin embargo este puede ser un enfoque reduccionista en la línea de física materialista actual.
La propuesta de Meijer y Geesink, a este respecto, es que: «La consciencia puede ser considerada como el bloque de construcción más básico de naturaleza y, en consecuencia, estaría presente en todos los niveles de la realidad.» [Meijer, 2014]
Según Meijer y Geesink, y otros teóricos, la naturaleza podría tener un fondo cuántico, consistente en una «matriz fractal holográfica» en correspondencia con nuestros «espacios mentales de trabajo holográfico», convenientemente interconectados conformarían un campo cuántico de información.
Desde el «espacio de trabajo holográfico» postulado, se proyectaría su información activa desde o hacia un «pantalla virtual» en nuestro cerebro, de forma análoga a como se describe el «horizonte de eventos o sucesos» (en los agujeros negros del universo). [Meijer y Geesink, 2017]
El término «resonancia» hace referencia a que una determinada frecuencia (o longitud de onda) del espectro electromagnético se ve favorecida frente a las demás (es selectiva en frecuencia).
Un «solitón» hace referencia a una onda capaz de propagarse en un medio material. Un «fotón» es el bosón (partícula elemental de spin entero) asociada a la interacción electromagnética.
El «campo global de información holográfica», con clara referencia a los conocidos hologramas, es un campo cuántico. Este campo cuántico posee propiedades cuánticas como la de coherencia, entrelazamiento, etc. El hecho del «entrelazamiento cuántico» permitiría compartir información o poseer información a nivel global (no-local, espacial y, en cierto modo, temporal).
La «metacognición» se refiere al «conocimiento sobre el conocimiento», la «autorreflexión sobre el propio conocimiento». Es el control y autorregulación del procesamiento de la información. Entre otras cosas, la metacognición nos permitiría la correlación entre el aprendizaje y la motivación.
La metacognición media el procesamiento de la información humana mediante la evaluación de factores inconscientes y conscientes. A lo largo del procesamiento de la información, los eventos neuronales, y por lo tanto los juicios, se rigen por el campo abstracto de probabilidades. El sistema cuántico evoluciona de un estado reversible a uno irreversible. En este contexto, la metacognición es explicada mediante funciones de ondas mentales. Con la interpretación mecánico cuántica de la metacognición, estamos en una etapa de dejar atrás nuestros puntos de vista tradicionales para entrar en un nuevo ámbito de comprensión de la realidad.
Teorías de Campo de Consciencia:
Algunas teorías proponen que la consciencia no reside en neuronas individuales o regiones específicas del cerebro, sino en un campo más amplio. Se sugiere que la consciencia es información, aunque físicamente integrada y activamente codificada en el campo electromagnético global del cerebro. Este campo sería el «núcleo real» de la consciencia, donde residen los pensamientos y procesos mentales.
Reducción Objetiva Orquestada (Orch-OR o Orchestrated Objective Reduction): Propuesta por el físico Roger Penrose y el médico Stuart Hameroff, la teoría de la Orch-OR sugiere que la consciencia surge de la superposición de estados cuánticos (de proteínas en las configuraciones o estados alfa-tubulina y beta-tubulina) en los microtúbulos de las neuronas. Los microtúbulos son diminutas estructuras dentro de las células que ayudan a mantener la forma celular y al transporte intracelular. Esta teoría postula que la coherencia cuántica en estas estructuras provoca un colapso del estado cuántico (de la superposición de estados de alfa-tubulina y beta-tubulina), lo que resulta en la experiencia consciente.
Si bien es innovadora, la Orch-OR enfrenta desafíos para explicar cómo se puede mantener la coherencia cuántica en el ambiente cálido y húmedo del cerebro (decoherencia).
Teoría de la Información Integrada (IIT) y Teoría del Campo Electromagnético (EFT): estas teorías fueron propuestas en 2004 por Giulio Tononi -médico y neurocientífico de la Universidad de Pisa (Italia)- y anteriormente en 2002 por Johnjoe McFadden -físico y biólogo molecular de la Universidad de Surrey (Reino Unido)-, sugieren desde dos enfoques diferentes pero complementarios –funcional y físico- que la consciencia surge en esencia de un campo electromagnético en el cerebro. Si bien no es estrictamente una teoría cuántica, incorpora efectos cuánticos para explicar cómo el campo electromagnético podría dar lugar a la experiencia consciente. Este enfoque proporciona un mecanismo potencial para la integración de la información en el cerebro, pero enfrenta desafíos a la hora de explicar las experiencias subjetivas. Estas teorías, si bien intrigantes, enfrentan desafíos significativos en su verificación empírica y en la explicación de todo el espectro de experiencias conscientes.
Aunque no es descrita explícitamente como un «campo de información global» en el mismo sentido físico que McFadden, la IIT de Giulio Tononi postula que la consciencia surge de la capacidad de un sistema para integrar información de manera irreducible. Es decir, un sistema es consciente en la medida en que la información que procesa no puede ser descompuesta en partes independientes. En cierto modo, la consciencia sería el resultado de una estructura de información altamente integrada y coherente.
Dinámica cerebral cuántica (QBD): Desarrollada por Mari Jibu y Kunio Yasue, la QBD propone que la consciencia surge de la interacción entre los aspectos cuánticos y clásicos del cerebro. Esta teoría se centra en el papel de las moléculas de agua en membranas neuronales y sus propiedades cuánticas. La QBD ofrece perspectivas sobre los posibles efectos cuánticos en los procesos neuronales, pero le cuesta proporcionar una explicación completa de la experiencia consciente.
Teoría del campo Ψ: El modelo del campo Ψ se basa en estos fundamentos, al tiempo que ofrece una nueva perspectiva sobre la naturaleza cuántica de la consciencia.
El modelo del campo Ψ (campo psi), es una teoría de campos de la consciencia que pudiera establecer “paralelismos” con el campo de Higgs en la física de partículas. Este modelo propone que la consciencia emerge a través de interacciones con este campo universal (campo Ψ), extendiéndose potencialmente a entidades tanto orgánicas como inorgánicas. El modelo introduce tres componentes necesarios para la consciencia: autoconsciencia, capacidad de respuesta a estímulos y un sustrato físico. La densidad computacional, definida como la concentración de la capacidad de procesamiento de información dentro de un espacio físico dado, es el factor clave que determina la intensidad de la interacción con el campo Ψ y, en consecuencia, el nivel de consciencia experimentado. [Oyewole, 2024]
Teoría del espacio de trabajo global (GWT): Esta teoría, propuesta por Bernard Baars y Stanislas Dehaene, sugiere que la consciencia funciona como un «espacio de trabajo global» en el cerebro, donde la información relevante se «transmite» a través de una red neuronal para que esté disponible para múltiples procesos cognitivos. Aunque se enfoca más en la dinámica cerebral, la idea de una «transmisión global» de información para la experiencia consciente tiene resonancia con la noción de un campo de información.
Tradiciones védicas y espirituales: Históricamente, algunas filosofías orientales, como las tradiciones védicas de la India, han postulado la existencia de un «campo de pura consciencia» omnipresente, un «Self universal» (Atman o Brahman) del cual las consciencias individuales son solo manifestaciones parciales. Estas ideas ancestrales resuenan con la noción moderna de un campo de consciencia global.
Argumentos a favor de la visión de la consciencia como campo de información:
Problema de la integración/unión (binding problem): La consciencia se experimenta como una unidad, a pesar de que el cerebro procesa la información en módulos separados (visión, sonido, etc.). Un campo de información podría ofrecer un mecanismo para unificar estas diferentes percepciones en una experiencia coherente.
No localidad: Si la consciencia es un campo, podría explicar por qué no se puede localizar en una región específica del cerebro, sino que parece emerger de la actividad cerebral en su conjunto.
Posibles implicaciones para la IA: Si la consciencia es un campo de información, comprender sus principios podría abrir puertas al desarrollo de inteligencias artificiales verdaderamente conscientes.
Críticas:
Evidencia empírica: Aunque hay investigaciones en curso (como el Global Consciousness Project, que busca correlaciones entre eventos globales y generadores de números aleatorios), la existencia de un «campo de información global» de la consciencia sigue siendo un concepto difícil de probar empíricamente de manera concluyente.
Naturaleza del campo: Si es un campo, ¿de qué tipo es? ¿Electromagnético, cuántico, de una naturaleza aún desconocida?
Incluso si se acepta la idea de un campo de información, esto no resuelve completamente el «nudo a deshacer» de la consciencia: ¿por qué la información, por muy integrada que esté, da lugar a la experiencia subjetiva (qualia)?
En resumen, la idea de la consciencia como un campo de información global es una hipótesis intrigante que busca abordar algunos de los misterios más profundos de la consciencia. Si bien tiene raíces en filosofías antiguas y cuenta con el respaldo de algunas teorías científicas modernas, sigue siendo un área de investigación activa y debate con muchos desafíos por delante.
Campo de Correlaciones No Locales.
La idea de postular un «Campo de Correlaciones No Locales» que sirva de soporte tanto para el entrelazamiento cuántico como para una hipotética «Consciencia Global» es un tema fascinante que se sitúa en la intersección de la física cuántica, la filosofía de la mente y las especulaciones sobre la naturaleza última de la realidad.
1. Entrelazamiento Cuántico y No-localidad:
Hecho científico: El entrelazamiento cuántico es un fenómeno experimentalmente verificado y fundamental de la mecánica cuántica. Dos o más partículas entrelazadas comparten un estado cuántico de tal manera que la medición de una propiedad en una partícula instantáneamente (sin importar la distancia) afecta la propiedad correlacionada de las otras.
No-localidad: Esta correlación instantánea es lo que se conoce como no-localidad. No implica una comunicación más rápida que la luz (lo cual violaría la relatividad especial), sino que los estados de las partículas están intrínsecamente conectados, como si fueran parte de una única entidad. Los experimentos de Bell han demostrado concluyentemente que estas correlaciones no pueden explicarse por variables ocultas locales. Se puede dar sin una causalidad local (causa-efecto).
¿Necesita un «campo» específico?: La no-localidad es una propiedad inherente de la mecánica cuántica y de algunas teorías de campo cuántico. No necesariamente requiere la postulación de un «campo» adicional en el sentido clásico, ya que las correlaciones ya son una característica del espacio-tiempo cuántico. Sin embargo, algunas interpretaciones y teorías extendidas sí exploran la idea de un campo subyacente que dé cuenta de estas conexiones.
2. Conciencia Global y Conexiones Cuánticas:
Especulación filosófica y científica: La idea de una «consciencia global» o «consciencia colectiva» es principalmente un concepto filosófico y espiritual, aunque ha habido intentos de vincularlo con principios cuánticos.
Argumentos a favor (especulativos): Analogía con el entrelazamiento: Los proponentes sugieren que si las partículas subatómicas pueden estar intrínsecamente conectadas sin importar la distancia, quizás las mentes individuales, o la conciencia misma, podrían estar conectadas de una manera similar a través de algún tipo de «entrelazamiento» a gran escala.
Procesos cuánticos en el cerebro: Algunas teorías, como la de Orch-OR (Orchestrated Objective Reduction) de Penrose y Hameroff, postulan que la consciencia emerge de procesos cuánticos a nivel de microtúbulos neuronales. Si esto fuera cierto, podría abrir una puerta a la idea de que la consciencia no es puramente local en el cerebro.
Información y universo: Algunos físicos y pensadores sugieren que la información es fundamental para la realidad, y que el universo es inherentemente informacional. Si la conciencia también es un procesamiento de información, podría haber un nivel fundamental donde estas «informaciones» se correlacionen de manera no local.
3. El Hipotético «Campo de Correlaciones No Locales»:
Este campo sería una especie de «sustrato» o «medio» que no solo facilita el entrelazamiento cuántico entre partículas, sino que también sirve como una red subyacente que conecta las mentes o la consciencia en un nivel fundamental, permitiendo la emergencia de una «consciencia global».
Diferentes enfoques: Algunos enfoques intentarían extender las teorías de campo cuántico existentes para incorporar esta no-localidad de una manera más explícita y aplicable a fenómenos macroscópicos o biológicos (como la consciencia).
Nuevas teorías fundamentales: Otros podrían postular un campo completamente nuevo, quizás de naturaleza no-energética o informacional, que opere en un nivel más allá de las interacciones fundamentales conocidas (fuerzas fuertes, débiles, electromagnéticas, gravitatorias).
Metafísica informacional: Podría ser visto como un campo de información pura, donde las correlaciones no-locales son simplemente manifestaciones de la interconexión de la información en el universo.
Desafíos: Si bien el entrelazamiento cuántico está bien establecido, no hay evidencia experimental directa que demuestre una conexión cuántica o un «campo de correlaciones no locales» que sustente una «consciencia global». Esto sigue siendo altamente especulativo.
Brecha explicativa: La «brecha explicativa» entre la actividad cerebral física y la experiencia subjetiva de la consciencia es uno de los mayores desafíos en la neurociencia y la filosofía de la mente. Introducir conceptos cuánticos no resuelve automáticamente esta brecha sin un mecanismo claro y verificable.
Conclusión:
Cabría postular un hipotético «Campo de Correlaciones No Locales» como un marco conceptual para explorar la relación entre el entrelazamiento cuántico y la consciencia global. Es una idea intrigante que busca una unidad fundamental en el universo, más allá de la división aparente entre mente y materia.
Sin embargo, es crucial reconocer que, en el estado actual de nuestro conocimiento científico, esta postulación se encuentra firmemente en el ámbito de la especulación teórica y filosófica, y no como una teoría científica establecida. Requiere de nuevos descubrimientos, marcos teóricos rigurosos y, lo más importante, de evidencia empírica que pueda validarla o refutarla. Es un campo abierto a la investigación y el debate continuo en la frontera entre la ciencia y la filosofía. Esto podría lograrse lentamente y, tal vez, dentro de un nuevo paradigma científico. (T.S. Kuhn)