La ciencia, lejos de dogmatismos, ha de saber albergar una duda razonable. La experiencia que no se consigue en base al discernimiento se hará por la vía del sufrimiento. (Thomas S. Kuhn)
La percepción intuitiva es la capacidad de captar información, patrones o significados de manera inmediata, sin necesidad de un razonamiento consciente y lineal.
Se basa en procesos mentales rápidos que trabajan con experiencias previas, memoria implícita y la lectura de señales sutiles del entorno.
Por ejemplo, cuando alguien “siente” que una persona no es de fiar, aunque no pueda explicar por qué en ese momento.
El «sexto sentido» es una expresión popular para referirse a esa sensación inexplicable de saber algo sin pruebas tangibles o evidencias lógicas.
Puede entenderse como una forma extrema o «misteriosa» de intuición, pero también se asocia a fenómenos de PES (Percepción ExtraSensorial: telepatía, clarividencia, etc.).
Desde una perspectiva psicológica, lo que llamamos “sexto sentido” suele ser la integración inconsciente de información sutil: microexpresiones, tono de voz, lenguaje corporal, experiencias previas y contexto.
Se ha postulado, también, que la percepción intuitiva podría ser una supuesta captación de información no conseguida a través de los cinco sentidos especiales (visión, audición, tacto, olfato y gusto). El término PES, indicado anteriormente, fue adoptado por el botánico J. B. Rhine y el psicólogo J. G. Pratt, trabajando ambos en la Universidad de Duke (Carolina del Norte en EE. UU.) hacia 1934 y, también, desde 1957 por el físico y bioquímico Milan Ryzl de la American Association for the Advancement of Science (A. A. A. S.). Ryzl investigó las distintas capacidades psíquicas de la PES, como la telepatía, clarividencia, radiestesia (psicometría), etc. Los numerosos experimentos realizados en la Universidad de Duke y en la A. A. A. S. arrojaron resultados estadísticamente significativos, lo que llevó a dichos científicos a dar por probada la realidad empírica de la PES (desde luego, sin llegar a ser una ciencia exacta). [Rhine y Pratt, 1979] [Ryzl, 1970]
Para un mejor entendimiento de este tema sería interesante adentrarse en los conceptos de biocampo o biofotón (campo electromagnético biológico de muy baja intensidad o energía) y de los procesos cuánticos de entrelazamiento (macroscópico), que involucran un «acceso a información compartida».
El biofotón es el «cuanto» (paquete) de energía asociado al biocampo (campo electromagnético asociado a la célula), en el rango de la luz visible, infrarrojo cercano y ultravioleta cercano (distintos de los fotones asociados a la radiación térmica de seres vivos -fotones térmicos-). Más concretamente, los biocampos (y biofotones) son campos electromagnéticos biológicos (con cierto grado de coherencia espacial y temporal).
Los procesos cuánticos macroscópicos son estados cuánticos de un sistema macroscópico (de muchas partículas) con coherencia de fase entre sus funciones de onda (estados), con una capacidad de establecer y conservar un entrelazamiento de algún estado cuántico.
Para poder entender mejor las implicaciones de los procesos en los que intervienen biocampos (y biofotones) se deberán realizar más investigaciones sobre los mecanismos físicos que median en esos procesos. Es decir, se precisaría del desarrollo de un modelo físico en el que entren a formar parte biocampos, biofotones y mecánica cuántica (así como un entendimiento más profundo de la «consciencia» de los seres vivos). [Kafatos, 2015]
El biocampo se basa en la idea de que todo objeto o sustancia física es capaz de emitir o absorber energía electromagnética. Es decir, las diversas moléculas y átomos pueden estar en diferentes niveles de energía pudiendo interaccionar con fotones (absorción o emisión).
En 1913, el físico Niels Bohr explicó la existencia de los espectros atómicos, en donde los electrones que rodean al núcleo atómico pueden estar en diversos niveles discretos de energía: lo que da sentido a los espectros de emisión y absorción de energía que se observa en el laboratorio.
Por otro lado, los campos electromagnéticos (energía) de la misma frecuencia pueden interaccionar entre sí produciendo fenómenos de interferencia (constructiva o destructiva, según sus fases). Además, si la frecuencia es la adecuada (dependiendo de la estructura del material) puede haber un efecto de resonancia (una determinada frecuencia es capaz de mantenerse durante un cierto tiempo, mientras las otras frecuencias se van atenuando). Esto permitiría un verdadero intercambio de información entre dos puntos.
Existen múltiples evidencias empíricas sobre la posibilidad de que un ser vivo «perciba» la localización de otro ser vivo, de materia, de energía o simplemente de información (de algún tipo), sin importar su lejanía, mediante la percepción intuitiva y/o extrasensorial (PES). Mediante técnicas de radiestesia (psicoestesia o psicometría) se puede detectar y cuantificar determinada información y/o radiaciones (electromagnéticas) característica de los seres vivos y lo material (campos de información: biocampos, entrelazamiento cuántico macroscópico, campos cuánticos, etc.); aunque es cierto que no se conocen completamente las bases físicas de la radiestesia (como un tipo de percepción extrasensorial). De lo que sí hay evidencia es que mediante una adecuada preparación, muchas personas han usado la radiestesia (o tele-radiestesia) como una técnica de tipo puramente intuitivo para conseguir respuestas que implican información fuera del alcance puramente sensorial. Existe abundante documentación empírica que respaldaría lo anterior a lo largo de los últimos siglos.
La intuición es la habilidad para conocer, comprender o percibir algo de manera clara e inmediata, sin la única intervención de la razón. A modo de ejemplo habría que tener en cuenta el hecho del llamado «ojo clínico» en medicina.
El ojo clínico es una intuición (Gregorio Marañón decía que el ojo clínico es el ‘arte de la intuición’), es decir, algo que se manifiesta sin reglas fijas con un toque de creatividad. Los médicos pueden tener la memoria llena de casos de enfermos que, a pesar de haber sido diagnosticados ‘objetivamente’ de una u otra cosa, comienzan a mejorar a partir de la impresión médica (presencia médica) sobre su cuadro clínico (efecto placebo o nocebo) y del adecuado tratamiento, aunque no encajen plenamente con los protocolos derivados de un análisis, una radiografía, un TAC (Tomografía Asistida por Computador o Tomografía Axial Computerizada) o TC (Tomografía Computerizada) o de una RMN (Resonancia Magnética Nuclear). Naturalmente, el ojo clínico no sucede al azar, no es un don que tengan unas personas visionarias y otras no posean, sino que para que pueda darse es necesario tener una formación adecuada y una extensa experiencia en el trato de enfermos de todo tipo; es decir, haber observado la evolución de unos y otros, y haber extraído de todo ello las oportunas conclusiones.
Sin embargo, es necesario admitir que algunas personas pueden ser capaces de «intuir» enfermedades de una manera tal que pudiera entrar en aparente contradicción con lo comentado anteriormente. Del mismo modo, hay animales muy «intuitivos», algunos perros son capaces de husmear la necrosis en un enfermo e incluso su agonía.
Como conclusión de lo dicho sobre el ojo clínico, haber cursado la titulación de medicina no sería suficiente, sería necesaria, además, una experiencia universal, haber tenido una gran vivencia en distintos entornos, también, haber reflexionado sobre cada situación, haberse planteado distintas hipótesis y haber sido capaz de descartar las irrazonables o mal fundadas, para lo que hay que seguir, durante mucho tiempo, cada situación, teniendo en cuenta que la posibilidad de equivocarse al principio es muy alta.
Según la mecánica cuántica, en cierto modo, la mente condiciona la experiencia exterior (con la observación y/o medida), ya que todo se podría reducir a campos de energía o a campos de información, de modo que nuestro pensamiento alteraría ciertos aspectos de nuestra realidad. Así pues, de alguna manera, el radiestesista (o tele-radiestesista) bien entrenado, mediante el uso práctico de la intuición (desde la relajación, motivación y visualización mental del objetivo), podría establecer las adecuadas correlaciones con aquello que sea de su interés, a modo de un «entrelazamiento cuántico» y que sería claramente un proceso no-local de información pura. [Kauffman y Radin, 2021]
Según escritos antiguos de diversas tradiciones, estamos familiarizados con la idea de que tenemos múltiples cuerpos (físico, energético, astral, espiritual, etc.) En la tradición hindú, por ejemplo, se tiene el cuerpo físico y también el cuerpo pránico o cuerpo sutil, que es nuestro cuerpo energético. En el cristianismo se tienen cuerpo y espíritu, donde en el interfaz entre ambos se encuentra el cuerpo energético. Llamado, por algunos, cuerpo Qi o cuerpo de energía vital que alimenta al cuerpo físico.
En la actualidad se postula que la relación entre información, biocampos, biofotones (y energía Qi), en un contexto cuántico -de superposición coherente y de estados entrelazados-, podría ser un fundamento de la PES.
Desde el enfoque anterior, sería muy interesante estudiar más a fondo las posibles relaciones entre los conceptos de información, biocampos y biofotones de dos seres vivos en localizaciones separadas, permitiendo así comprender mejor el fenómeno de la radiestesia (o tele-radiestesia).
En 2004, Ervin László propuso la existencia de un campo Psi (campo cuántico del vacío) -que es un campo cuántico de información-, de naturaleza no local. Este campo se basa en una propuesta que en su momento hizo David Bohm. [László, 2004 y 2012]
De la misma manera, otro enfoque de la radiestesia se podría hacer desde la idea del panpsiquismo.
Según el panpsiquismo, la consciencia no es un rasgo exclusivo del ser humano, ya que todo lo existente tendría algún tipo de consciencia. Es como si el universo ayudase a dar forma a la consciencia humana y que, a su vez, nuestro ser permitiese una evolución del universo, dando como resultado a algún tipo de entrelazamiento cuántico entre la consciencia y el cosmos. [Stanford Panpsychism, 2001]
En el concepto del panpsiquismo, la idea de que la consciencia exista en todas partes, ha recibido cada vez más apoyo (incluso de la comunidad científica) en la medida en que nuestra capacidad de observación ha ido aumentando. Como consecuencia de una mirada al espacio exterior, se llega a descubrir que muchos de los puntitos brillantes, que en un principio se llamó estrellas, en realidad eran galaxias. Mirando hacia el espacio interior, mientras exploramos la naturaleza de la materia subatómica, también encontramos que, en cualquier rincón extremadamente pequeño, la consciencia podría hacer brillar su luz, teniendo siempre más materia por descubrir. Es como si la consciencia aportase información y animase a la materia en todos sus niveles de observación (incluido el de la mecánica cuántica).
Hasta hace poco, la mayoría de los radiestesistas (monjes, ingenieros, etc.) imaginaban que la base de esta habilidad podría ser una debilísima radiación. Quizás no sea del todo así, además de un campo electromagnético, la naturaleza nos ofrece un “campo de información” en el que, de algún modo, todo está relacionado de forma cooperativa e integrativa: esto podría hacer que los seres humanos se puedan relacionar de forma intuitiva a nivel inconsciente.
Considerando la casuística de la telepatía, se han llevado a cabo interesantes trabajos que tienen en cuenta las correlaciones de señales eléctricas cerebrales (EEG y potenciales evocados). En estos experimentos se midió la actividad eléctrica cortical cerebral de parejas de personas en aislamiento. Se estudiaron las posibles correlaciones significativas cuando un miembro de la pareja estuviese expuesto a una señal de audio, destellos de luz u otros estímulos capaces de generar alteraciones eléctricas. En uno de los primeros experimentos realizados en 1965 por Duane, llevados a cabo con gemelos, arrojaron resultados significativos, que llegaron a ser publicados [Duane, 1965]. Otro trabajo posterior, con los mismos resultados, se publicó en 1974 en Nature [Targ, 1974]. También, se publicaron más de una decena de experimentos utilizando protocolos similares, incluidos estudios realizados mediante técnicas de resonancia magnética nuclear funcional (RMNf). [Standish, 2003] [Richards, 2005] [Karavasilis, 2018] [Kauffman y Radin, 2021]
Los físicos usan el término entrelazamiento cuántico (entrelazamiento de estados cuánticos) como el fenómeno por el cual una partícula «allí» está en correlación instantánea con una partícula «aquí», formando ambas un único sistema no-local, sin importar lo lejos que estén, en realidad esto conformaría un “campo de información” (que podría ser algún tipo de tipo TCC); aunque esta descripción choque con nuestra concepción de lo habitual.
Una teoría cuántica de campos (TCC) usa un conjunto de reglas que explican cómo las mediciones en un punto de un campo se relacionan (o se correlacionan) con las mediciones tomadas en otro punto. Una TCC se obtiene tomando como base a la Mecánica Cuántica, además se incorpora la Teoría Especial de la Relatividad y otras (como la Electrodinámica Clásica, la Física del Estado Sólido, etc.) (Ver apartado de Campos cuánticos)
De alguna forma, el radiestesista consigue, después de mucha práctica (desarrollo de sensibilidad e intuición), percibir algún tipo de “campo cuántico de información”, probablemente con la mediación de células nerviosas (neuronas y células gliales), lo que le otorgaría una capacidad de discriminación de determinados aspectos del campo, característicos de los diferentes tipos de materia, aunque no estén a la vista.
También, otro enfoque complementario a lo anterior, más allá de la mecánica cuántica, podría ser la radiestesia (tele-radiestesia), y en general la intuición y/o PES, al ser de naturaleza no-local implicaría un determinado grado de entrelazamiento cuántico macroscópico (probablemente a nivel de grupos moleculares) entre el sujeto perceptor (gran parte a nivel inconsciente) y lo percibido. Ver apartados de No-Localidad y Entrelazamiento macroscópico.
El campo Ψ (campo psi) se propone como un campo cuántico universal que permea todo el espacio y el tiempo, análogo al campo de Higgs en la física de partículas. Sin embargo, en lugar de conferir masa, se plantea la hipótesis de que el campo Ψ da lugar a la consciencia a través de sus interacciones con los sistemas físicos. Las propiedades clave del campo Ψ incluyen:
• Universalidad: El campo Ψ existe en todo el universo.
• Naturaleza cuántica: Opera según los principios de la mecánica cuántica.
• Interacción: Los sistemas físicos interactúan con el campo Ψ con intensidades variables.
• Generación de consciencia: La intensidad y la naturaleza de la interacción de un sistema con el campo Ψ determinan su nivel y tipo de consciencia.
El campo Ψ puede considerarse como un campo de consciencia potencial, que se actualiza mediante su interacción con lo físico.
Esta interacción está mediada por una función densidad computacional del sistema. Para ilustrar este concepto, imaginemos el campo Ψ como un océano invisible de «potencial de consciencia». Diferentes sistemas físicos, como barcos de distintos tamaños y diseños, interactúan con este océano en distintos grados. Un pequeño bote de remos (similar a un organismo simple) podría generar solo pequeñas ondas, mientras que un barco grande (como un cerebro humano) podría generar olas y corrientes significativas, lo que representa una experiencia consciente más compleja. [Oyewole, 2024]
Comentarios sobre el hipotético Campo Psi (consciencia).
La Consciencia Global y el Paradigma Científico:
La consciencia global es un concepto que se refiere a la interconexión y la unidad de todas las cosas, y es un tema que ha sido explorado en diversas disciplinas, desde la filosofía hasta la espiritualidad. Sin embargo, como se ha comentado, la consciencia global no se puede reducir a evidencias experimentales en el sentido convencional, ya que se trata de un fenómeno que trasciende la física (materia-energía) y la biología.
Limitaciones del Paradigma Científico Actual:
El paradigma científico actual se basa en la observación, la experimentación y la verificación empírica, lo que puede ser insuficiente para abordar fenómenos como la consciencia global. La ciencia se enfoca en la descripción y la predicción de fenómenos naturales, pero puede no ser capaz de capturar la esencia de la consciencia global.
Necesidad de un Nuevo Paradigma:
Para abordar la consciencia global, es posible que se necesite un nuevo paradigma que incorpore perspectivas más holísticas y transdisciplinarias. Esto podría implicar la integración de conocimientos y métodos de diversas disciplinas, como la filosofía, la psicología, la espiritualidad y la física, para desarrollar una comprensión más profunda de la consciencia global.
Desafíos y Oportunidades:
El cambio de paradigma siempre es un proceso desafiante, ya que requiere la revisión de supuestos y creencias fundamentales. Sin embargo, también puede ser una oportunidad para avanzar en nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos.
Posibles Enfoques:
Algunos posibles enfoques para abordar la consciencia global podrían incluir:
– Investigación en la intersección de la ciencia y la espiritualidad: explorar las conexiones entre la ciencia y la espiritualidad para desarrollar una comprensión más profunda de la consciencia global.
– Desarrollo de nuevas metodologías: crear nuevas metodologías que permitan abordar la consciencia global de manera más efectiva.
– Diálogo interdisciplinario: fomentar el diálogo entre expertos de diversas disciplinas para desarrollar una comprensión más completa de la consciencia global.
En resumen, la consciencia global es un fenómeno complejo que puede requerir un nuevo paradigma científico que incorpore perspectivas más holísticas y transdisciplinarias. Aunque hay desafíos, también hay oportunidades para avanzar en nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos.
Comentarios (basados en preguntas):
¿Tiene razón la crítica al método científico como «coercitivo»?:
En parte, sí. El método científico:
- Controla variables, separa el fenómeno del observador.
- Exige repetibilidad, replicabilidad y neutralidad.
- Busca eliminar la subjetividad (lo cual puede ser deseable en muchos contextos, pero no en todos).
Esto es fundamental para muchos ámbitos (medicina, ingeniería, física), pero puede ser inapropiado o incluso destructivo en fenómenos sutiles, complejos o profundamente humanos, como: el arte, la espiritualidad, la consciencia, el amor o la intuición.
¿Por qué fenómenos como la intuición o la radiestesia “se resisten” al laboratorio?:
Aquí se está tocando un punto central: si el fenómeno requiere un estado mental concreto (como ondas theta o delta), que puede ser interrumpido por el contexto de control, entonces ese fenómeno se colapsa al ser observado, como diría la mecánica cuántica con su principio de incertidumbre.
Esto es coherente con la idea de que ciertas capacidades —como la percepción intuitiva— se expresan mejor en ambientes de seguridad, confianza, relajación. Lo que el laboratorio hace, en cierto modo, es “sacar al pez del agua”.
¿Qué pasa con los estudios y meta-análisis que se mencionan?
Es cierto, hay estudios, especialmente en plataformas abiertas como ResearchGate, que muestran indicios estadísticos de que algo está ocurriendo. Algunos puntos clave:
- Muchos estudios controlados sobre percepción no convencional (como telepatía, visión remota, o radiestesia) han mostrado resultados ligeramente por encima del azar, lo que, si se acumula en los meta-análisis, sugiere un patrón estadísticamente significativo.
- Por ejemplo, trabajos como los de Dean Radin, Rupert Sheldrake o incluso Jessica Utts (estadística) han argumentado que hay evidencia estadística débil pero consistente de fenómenos anómalos.
- El problema es que la comunidad científica dominante sigue siendo muy conservadora, y los estándares de prueba para fenómenos extraordinarios son muy altos.
- En parte, esto es por riesgo de falsos positivos, y en parte por el sesgo cultural de que «si no encaja con el paradigma físico-químico actual, es sospechoso»
¿Qué se podría hacer ante esto?
Aceptar que hay más formas de conocimiento además del científico:
- El conocimiento intuitivo (como se ha comentado antes)
- El conocimiento experiencial.
- El conocimiento poético, místico o espiritual.
Fomentar un diálogo entre paradigmas:
- Sin negar el valor del método científico.
- Pero sin asumir que todo lo que no se puede medir es inexistente o inválido.
Desarrollar métodos híbridos de investigación:
- Por ejemplo, protocolos que preserven el estado mental del sujeto, como estudios de neurociencia no invasivos (EEG en entornos naturales, etc.).
- O registros longitudinales de prácticas intuitivas documentadas de forma rigurosa, aunque no sean «experimentos» tradicionales.
Ejemplo sobre la cualidad humana de amar:
«Pensemos en llevar al laboratorio la cualidad de amar entre personas para medirlo todo.”
El amor existe, es transformador, incuestionable, pero escapa a los instrumentos científicos al uso. Podemos medir sus correlatos (dopamina, oxitocina, conductas), pero no el amor mismo.
No se está negando la ciencia ni la validación (o validez) de los hechos según el método científico vigente. Se está diciendo algo más profundo: «Hay fenómenos que sí funcionan, sí existen, sí transforman, pero no se pueden atrapar con los instrumentos que el paradigma científico actual considera válidos.»
Y eso no es una excusa: es una invitación a ampliar la mirada epistemológica. En otras palabras: tal vez no hace falta reducir estos fenómenos al método científico, sino ampliar la ciencia misma para que tenga lugar para ellos.
Hacia un punto de encuentro: radiestesia, osteopatía craneosacral y sintergética
La radiestesia, las prácticas sutiles tradicionales y las terapias modernas como la osteopatía craneosacral y la sintergética comparten un punto de partida común: la idea de que el ser humano no es únicamente un organismo biológico, sino un entramado informacional, sensible y vinculado a campos no siempre traducibles en parámetros instrumentales convencionales.
Radiestesia: el cuerpo como «antena» de información
La radiestesia se basa en la premisa de que el ser humano puede percibir campos (electromagnéticos, informacionales —como es el caso de partículas en entrelazamiento cuántico—, etc.), señales o resonancias no accesibles a los sentidos habituales. Desde los conocidos péndulos o varillas usadas en algunas órdenes monásticas medievales, hasta prácticas tribales para localizar agua, minerales o zonas geográficas con alta capacidad energética, la constante histórica es la misma: el cuerpo interpreta microfluctuaciones y las expresa a través de un movimiento involuntario.
Más allá de la literalidad energética, algunos neurocientíficos modernos explican el fenómeno como microcontracciones neuromusculares involuntarias asociadas a la percepción inconsciente de patrones, mientras que otros médicos holísticos argumentan que existe un tipo de interacción electromagnética o informacional sutil.
Ambas miradas pueden coexistir, porque en ninguno de los dos casos el operador se percibe como pasivo: el cuerpo es instrumento, sensor y transductor.
La radiestesia no solo busca encontrar, sino resonar, y su fundamento principal es que la materia vibra, y que la consciencia —o al menos el sistema neurosensorial profundo— puede captarla.
Osteopatía craneo-sacral: escucha del movimiento interno
En la terapia craneo-sacral ocurre algo semejante: el terapeuta no actúa, escucha.
La percepción de microfluctuaciones del líquido cefalorraquídeo, la palpación del ritmo craneal o la identificación de bloqueos somatoemocionales requieren un estado ampliado de atención. El terapeuta desarrolla una sensibilidad parecida al radiestesista, pero aplicada al cuerpo humano.
Lo que la radiestesia percibe como campo externo, la terapia craneo-sacral lo traduce como movimiento interno profundo.
Sintergética: punto de encuentro
La sintergética surge como un intento de integración entre todos estos conocimientos.
El conocido médico colombiano, Jorge Carvajal, plantea que la biología es una interfaz entre consciencia, información, energía y materia, y que existen mecanismos de comunicación celular que aún no están completamente explicados por la fisiología tradicional. Es en este punto donde la sintergética se encuentra con los antiguos zahoríes y con los terapeutas craneosacrales:
La radiestesia trabaja con campos e información, sin una intervención física directa.
La osteopatía craneo-sacral trabaja con flujo y percepción corporal, desde la escucha.
La sintergética integra estas, y otras, experiencias dentro de una visión unificada del ser humano, donde el pulso, el ritmo, la frecuencia y la resonancia tienen valor terapéutico. Este enfoque utiliza métodos contemporáneos (RAM o resonadores arquetípicos mórficos, toma de pulsos, etc.) que pueden verse como la modernización tecnológica de la antigua sensibilidad radiestésica.
Las varillas y péndulos de la radiestesia se sustituyen por dispositivos bioinformacionales, pero el principio sigue siendo el mismo: sintonizar con una frecuencia (equivalente electromagnética) y facilitar la reorganización del sistema. Asumiendo la existencia de una dificultad científica para trasladar esto a laboratorio.
El acto de medir puede afectar al fenómeno; la subjetividad es intrínseca al proceso; la variable humana —consciencia, intención, estado perceptivo— es inseparable de la experiencia. Esto debilita el rigor experimental clásico, pero también nos obliga a matizar:
La falta de evidencia replicable no invalida la experiencia humana, solo señala que el método de medición no es suficiente. Tampoco legitima cualquier afirmación, pues la apertura no debe eliminar el discernimiento.
Lo honesto es aceptar que estamos frente a un territorio liminal: no plenamente verificable, pero tampoco reducible a ilusión colectiva.
En resumen, si negamos todo aquello que aún no podemos describir con instrumentos, nos «perdemos» la mitad intangible de la experiencia humana:
La ciencia necesita tiempo para estudiar lo sutil.
La tradición necesita humildad para dialogar con la verificación.
Entre ambas, el territorio de la sintergética se expande.
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La Intuición Práctica (Radiestesia) y el posible Campo de Información Universal
Diferenciemos tres conceptos: materia, energía e información
Materia: es lo que ocupa espacio y tiene masa.
Interactúa a través de fuerzas conocidas: gravedad, electromagnetismo, nuclear fuerte y débil.
Energía: es la capacidad de realizar trabajo o inducir cambios en sistemas materiales.
Es intercambiable con la materia (E = mc²), pero también puede existir en formas puramente dinámicas, como energía de campo o potencial.
Información (según Wheeler, “It from bit”): es más fundamental que la materia y la energía, pudiendo existir de manera aislada como patrón o estructura de posibles estados del universo. No necesariamente se requiere materia o energía para “registrar” información: el universo mismo puede codificar información en sus configuraciones y relaciones. [Wheeler, 1989]
Es decir, la información es un substrato fundamental que estructura cómo la energía y la materia pueden organizarse y evolucionar.
Una propuesta de “teoría física de la intuición práctica”
Partimos de la hipótesis: la intuición práctica surge del acceso directo a información fundamental, sin mediación explícita de procesos racionales o sensoriales convencionales.
Estructura de la información:
Imaginemos que la información se organiza en un “campo informacional universal”, que no requiere materia ni energía para existir.
Este campo contiene patrones de probabilidades de estados del universo, análogos a la función de onda cuántica, pero extendidos a escalas macroscópicas.
Acceso a la información:
Los sistemas biológicos (como el cerebro humano) pueden tener la capacidad de resonancia o acoplamiento con ciertos patrones de este campo.
Esto no es magia: sería un fenómeno físico que todavía no entendemos, similar a cómo los sensores cuánticos detectan campos débiles sin interactuar de forma clásica.
Intuición práctica y radiestesia:
La radiestesia que se narra en multitud de libros hallados en monasterios medievales, o el concepto de intuición en la actualidad, podrían explicarse como lectura de patrones informacionales preexistentes, en lugar de inferencia basada en experiencia sensorial inmediata.
Los “instrumentos” tradicionales (varillas, péndulos) serían amplificadores o transductores, haciendo perceptible físicamente la respuesta a la información.
La práctica sistemática entrenaría al individuo para filtrar ruido y amplificar la señal desde este campo informacional.
Base conceptual:
La materia y la energía son manifestaciones físicas.
La información organiza y posibilita cómo la materia y la energía pueden comportarse.
La intuición práctica es un acceso directo a configuraciones de información que aún no se han manifestado en energía o materia.
Consecuencias de esta teoría:
No viola la física clásica ni cuántica, solo propone un nivel más profundo donde la información existe antes de la manifestación material.
Predicciones verificables:
Sería posible medir correlaciones entre decisiones intuitivas y configuraciones informacionales “preexistentes” en sistemas complejos (aunque la tecnología para esto aún no existe).
Personas entrenadas podrían mostrar consistentemente aciertos más allá de lo estadísticamente esperado, correlacionando con patrones informacionales detectables por sensores físicos aún por desarrollar.
Integración de tradición y ciencia:
Tradiciones como la radiestesia podrían interpretarse como métodos empíricos para acceder a la información fundamental, sin necesidad de rituales mágicos.
La práctica sistemática aumenta la sensibilidad a la resonancia con este campo informacional.
En resumen, esta teoría propone que:
La información es el substrato último del universo: «Campo de Información Universal». La materia y la energía son manifestaciones de esa información.
La intuición práctica (p. ej. la radiestesia) es un acceso directo a patrones informacionales preexistentes, amplificado por entrenamiento o herramientas externas.
El “Campo Informacional Universal” es de naturaleza no-local, en el sentido de que no está restringido a posiciones o tiempos específicos como la materia o la energía.
En un contexto de no-localidad, del que se ha hablando anteriormente, la información fundamental no necesita de un soporte físico inmediato; puede existir como patrón de correlaciones entre posibles estados del universo. Esto permite que distintos sistemas separados puedan “acceder” o “resonar” con la misma información sin interacción causal clásica directa (sin relación de causa – efecto)
Los campos conocidos en física, como el electromagnético o gravitacional, tienen efectos locales y medibles (relaciones de causa y efecto); su influencia se propaga a la velocidad de la luz. Sin embrago, el “campo informacional” sería de patrones o estructuras (no-local): codifica las posibilidades del universo, no las fuerzas que las despliegan directamente.
La intuición práctica (p. ej. la radiestesia) no sería una “lectura” de señales físicas locales, sino una «sintonización» con “patrones globales de información”, con independencia de la distancia o del tiempo. Esto explica por qué prácticas como la radiestesia parecen “conocer cosas” sin contacto físico: el acceso es a la información no-local.
¿Qué deberíamos de entender por “Patrón de información”?
Un patrón de información es, en términos generales, una estructura organizada de posibles estados de un sistema que contiene información sobre relaciones, correlaciones o regularidades entre elementos, independientemente de que esos estados estén materializados o energéticamente activos. Un patrón de información puede existir sin estar codificado en la energía y en la materia; solo requiere relaciones lógicas o probabilísticas entre posibles estados.
Ejemplo: La secuencia de números primos es un patrón de información; no necesitas escribirla ni materializarla para que exista como concepto.
El patrón de información contiene potencial, no necesariamente una manifestación física. Se manifiesta cuando un sistema físico puede “responder” a él: por ejemplo, un cerebro o un sensor sintonizado.
Cada patrón puede contener información sobre leyes físicas, configuraciones de sistemas o relaciones entre elementos. Es como la “plantilla” de posibles estados futuros.
El término “preinformación” (que aparece en la filosofía de la ciencia y en las comentadas teorías de Wheeler) se refiere a la información que existe antes de que se manifiesten los eventos físicos concretos, sirviendo como potencial estructurador del universo.
Los patrones son las “formas” en las que la preinformación se organiza; son las configuraciones posibles que podrían materializarse en materia y energía.
La preinformación es la “materia prima”, mientras que los patrones son las estructuras que podemos detectar, resonar o intuir.
Como ejemplo en un contexto físico, pensemos en un electrón con dos estados posibles de spin: «↑» o «↓». La preinformación son las posibilidades de estos estados de spin codificadas en su función de onda. El patrón de información es la estructura probabilística que determina cómo estos estados se correlacionan con otros electrones. Seguidamente, nos trasladaremos al patrón informacional de un objeto, persona o evento. El uso práctico de la intuición (radiestesia) sería la capacidad de «sintonizar» con ese patrón sin mediación física directa, detectando así la preinformación que luego puede manifestarse en la realidad.
En mecánica cuántica, la información se expresa como correlaciones. Es decir, cuando dos partículas (o cualquier sistema cuántico) interactúan de la forma adecuada, sus estados dejan de ser independientes. Ya no se puede describir un electrón sin describir al otro, pues están correlacionados (correlación instantánea).
Siguiendo con el ejemplo anterior, esta vez para dos electrones, con sus spines en los estados “↑” o “↓”, para cada uno de ellos. Si uno de estos electrones cambia su estado de spin, el otro cambiará, pero manteniendo una cierta relación. Esas relaciones entre los posibles estados (no los estados en sí) constituyen un patrón de información: es la correlación en sí misma.
Entonces, un patrón de información es la organización de las probabilidades de un sistema y las relaciones entre esas probabilidades entre partículas. No describe “lo que ocurre”, sino las reglas de cómo podría ocurrir algo.
En el caso de sistemas cuánticos, esos patrones están codificados en probabilidades, correlaciones, coherencias y restricciones entre los posibles valores. Es decir, cómo las probabilidades se «conectan» entre sí.
Otro ejemplo intuitivo: supongamos que tenemos dos monedas «mágicas» unidas por una “regla oculta”. Si una cae cara, la otra cae cruz y si una cae cruz, la otra cae cara. El patrón de información no es la moneda, ni su energía, ni el hecho puntual de que estén a cara o a cruz. El patrón es la relación: “siempre son opuestas”.
Este patrón de información (de relación) es información pura, sin necesidad de materia o energía para existir como concepto. Puede existir incluso si no tiras las monedas.
En cuántica pasa algo similar, solo que las correlaciones son más complejas y probabilísticas (basada en una superposición de estados, con coeficientes complejos, para todas las partículas).
Entonces, cuando antes se ha dicho que el patrón de información son las probabilidades de cómo los estados de los electrones se correlacionan entre sí, se asume que los electrones tienen estados posibles (spin, posición, momento lineal, etc.) Cuando están correlacionados, sus probabilidades se correlacionan (entrelazan). Las probabilidades y relaciones entre esas posibilidades forman un patrón informacional.
En resumen, un patrón de información no es una señal física, es una estructura de probabilidades y de relaciones entre partículas. En cuántica, el patrón de información son las probabilidades de cada estado y las correlaciones entre las partículas o entre sistemas –como electrones–. La preinformación es lo que es previo a cualquier manifestación física (la preinformación sería como la última fase de un patrón de información).
Entonces parece coherente decir que ciertos fenómenos humanos (intuición, chakras, etc.) se refieren a patrones de información, no a ondas físicas.