Biocampos.

Como se presentó anteriormente, el concepto de campo en física se refiere a un elemento (no material) que interactúa con un objeto (un campo no se puede detectar directamente, sino solo a través de su acción sobre una sonda). Por lo tanto, las interacciones del biocampo pueden influir y ser influenciadas por una variedad de vías biológicas que incluyen procesos bioquímicos, celulares y neurológicos, ya que modulan la actividad y el flujo de información a través de múltiples niveles en los sistemas vivos. Así pues, el biocampo puede considerarse como un principio organizativo “sin masa” o basado en información de acuerdo con la definición original propuesta por el comité asesor de NIH de 1992 (NIH es el National Institute of Health de Maryland. EE. UU.)

Reconozcamos que el actual paradigma (marco de referencia) científico, de tipo dominantemente materialista, está cumpliendo un valioso papel, pero tiene límites y no debería convertirse en dogma.

El progreso del conocimiento surge al cuestionar razonablemente los límites del paradigma vigente, especialmente cuando dicho marco de referencia impide avanzar en áreas que exceden lo estrictamente material o bioquímico.

Las ideas nuevas requieren una adecuada evidencia, pero no deben rechazarse solo por desafiar el paradigma vigente. El futuro de la ciencia seguramente incluirá conceptos que hoy parecen improbables. 

Algunas ideas novedosas (en parte, lo que se está escribiendo aquí) pretenden ser una avanzadilla del conocimiento, y, humildemente, eso es precisamente lo que el paradigma actual de la ciencia necesitaría para evolucionar y, si es preciso, cambiar.

La actividad bioeléctrica y biomagnética de los tejidos biológicos, la coherencia (de fase) entre células y la emisión de biofotones pueden transportar información que modularía diversos procesos metabólicos y de homeostasis. Hipotéticamente, esta red de información podría influir en la organización celular y su epigenética. Este enfoque podría complementar los tratamientos convencionales para enfermedades que no responden a terapias bioquímicas puras.

El problema no es que la ciencia mire donde hay «luz» (le es cómodo y rentable mirar ahí), eso es natural. El problema es que quienes intentan investigar sistemáticamente en las zonas «oscuras» —usando nuevas metodologías, modelos más amplios o herramientas no convencionales— son frecuentemente descalificados, ridiculizados o expulsados del consenso científico. No porque estén equivocados, sino porque desafían la comodidad, la estabilidad y los intereses del paradigma vigente.

Modelo de integración del sustrato de “información física fundamental” y el “energético electromagnético” de los procesos biológicos

Patrones de Información en un sustrato de Información Física Fundamental (Wheeler/Vedral)

J. A. Wheeler: “it from bit” → los estados físicos derivan de elecciones binarias/estructuras informacionales. [Wheeler, 1989]

V. Vedral: la información cuántica es el recurso primario; las interacciones físicas son transformaciones de información (entropía, correlaciones, coherencia, entrelazamiento). [Vedral, 2018]

Hipótesis de integración

El sustrato informacional no es “algo separado”, sino que:

Se manifiesta como distribuciones de campos y correlaciones cuánticas en la materia.

En biología, la organización viva selecciona y mantiene subconjuntos específicos de patrones de información.

En este nivel, la información es física en sentido estricto: estados cuánticos, correlaciones, restricciones termodinámicas.

Red cuántico-molecular (proteínas, ADN, agua estructurada)

Biomoléculas como sistemas donde la información cuántica se tiene como:

Conformaciones energéticas,

Vibraciones colectivas,

Estados cuasi-coherentes en regiones de agua organizada (tipo G. Pollack, sin necesidad de adoptar sus extremos). [Pollack, 2013]

Conexión con el sustrato fundamental

Aquí la información fundamental “se amplifica”:
correlaciones cuánticas → excitaciones vibracionales → polarizaciones → micro-campos electromagnéticos
.

Relevancia para biofotones

Transiciones electrónicas y vibro-electrónicas generan:

fotones térmicos estocásticos (radiación de cuerpo negro a 37 °C),

eventos de emisión ultra-débil parcialmente coherente (biofotones de F. A. Popp). [Popp, 1994, 2002, 2003]

Nivel energético: campos electromagnéticos (EM)

Campos electromagnéticos celulares (dominios EM locales)

Las células producen EM por:

cargas en movimiento (potenciales de membrana),

corrientes iónicas,

dipolos de proteínas y agua,

actividad mitocondrial y redox.

Estos campos:

integran estados cuántico-moleculares,

coordinan procesos metabólicos (frecuencias resonantes),

establecen micro-códigos electromagnéticos para sincronización (picos de Ca²⁺, potenciales, oscilaciones, etc.).

Conexión hacia escalas mayores:

Los dominios EM celulares se acoplan mediante:

conducción tisular,

resonancia,

corrientes iónicas,

campos EM débiles de rango medio.

Campos EM tisulares y de órganos:

Corazón

El corazón genera el campo EM más intenso del cuerpo (ECG):

No es “información mágica”, sino suma coherente de millones de cardiomiocitos.

El ritmo cardíaco actúa como marcador global de estado energético, modulador de ritmos autonómicos.

Encéfalo

Las oscilaciones corticales (EEG/MEG) son modos colectivos electromagnéticos que codifican:

integración sensorial,

sincronización de redes,

señales macroscópicas (ondas cerebrales alfa, beta, gamma, delta, theta).

Músculo

Actividad EM muscular (EMG) es la superposición (suma) de potenciales de acción.

Relacionado con microcampos metabólicos.

Retina

La retina combina:

campos locales de transducción molecular (proteínas sensibles a la luz que se encuentran principalmente en las células fotorreceptoras de los ojos),

corrientes EM de señalización,

emisión fotónica dependiente del metabolismo (medible).

Fotones térmicos y biofotones coherentes

Fotones térmicos

Proceden de procesos metabólicos (radiación infrarroja).

Son estocásticos y llevan información termodinámica: fluctuaciones, variabilidad, disipación.

Biofotones coherentes (Popp, emisión ultra-débil)

Estos fotones pueden interpretarse como resultado de:

desexcitación de especies oxidativas (ROS controlados),

recombinación de radicales,

excitaciones coherentes en estados vibro-electrónicos,

fenómenos de coherencia parcial.

En nuestro modelo, los biofotones son un canal “informacional-luminiscente” derivado del acoplamiento los patrones de información y el dominio EM (electromagnético) local.

El ciclo informacional de la vida

De lo fundamental a lo fisiológico:

Información cuántica fundamental (Wheeler / Vedral),

correlaciones moleculares,

microcampos EM celulares,

campos EM tisulares y de órganos,

patrones fotónicos (térmicos/coherentes).

Los campos macroscópicos establecen una retroalimentación:

Campos cardíacos modulan vagalidad → metabolismo celular.

Ritmos cerebrales modulan sincronía de redes moleculares sin entrar en fantasías (simple resonancia y control neuroendocrino).

La producción fotónica influye en ciclos redox, ya que afectan los estados cuántico-moleculares.

Hay que considerar que el nervio vago regula algunas funciones metabólicas.

Un circuito cerrado de codificación/decodificación de información física.

La vida aparece como una arquitectura multinivel donde la información física fundamental se organiza jerárquicamente en campos electromagnéticos y emisiones fotónicas, manteniendo coherencia parcial o global gracias al metabolismo.

Información – Correlaciones – Campos – Señales macroscópicas (ECG, EEG, etc.).

En la base de la vida, la información no es algo abstracto: es parte física del mundo. Se expresa en la forma en que las moléculas vibran, se pliegan y se comunican mediante pequeñas corrientes eléctricas y correlaciones cuánticas. Las proteínas, el ADN o el agua organizada en el citosol celular, forman redes donde estos patrones informacionales se mantienen gracias al metabolismo. Aquí, lo esencial es que la vida selecciona y sostiene ciertos patrones de orden, como si filtrara qué información física debe conservar para funcionar. Desde este nivel microscópico nace el “primer paso” del flujo de información hacia arriba: correlaciones cuánticas → vibraciones moleculares → pequeños campos electromagnéticos celulares.

Escalando hacia los tejidos y órganos – integración electromagnética:

Cuando muchas células funcionan juntas, sus pequeños campos eléctricos y magnéticos se superponen (suman) y se acoplan. Así aparecen patrones de mayor escala, como los campos del cerebro, del corazón o musculares. Estos campos más grandes no son algo separado de la materia: son energía organizada que integra la actividad de millones de células. Por ejemplo, el latido cardíaco y las ondas cerebrales se forman a partir de la cooperación electromagnética celular y se convierten en señales globales que representan el estado del órgano completo. En este punto, la información molecular ya se ha “amplificado” hasta convertirse en patrones visibles a escala macroscópica.

Desde los órganos hacia el organismo – patrones globales de información:

A nivel del cuerpo entero, los campos electromagnéticos grandes (como el del corazón o el cerebro) actúan como organizadores globales. No controlan “mágicamente” a las células, pero sí influyen en ellas para modular ritmos, hormonas, señales químicas y estados metabólicos. En este sentido, el organismo establece un marco informacional común que coordina muchas partes al mismo tiempo. También entran en juego las emisiones de luz ultra-débil —biofotones— que surgen de reacciones químicas y vibracionales, y que reflejan el estado oxidativo y energético de los tejidos. Así, el flujo ascendente de información continúa: de células → tejidos → órganos → señales corporales completas.

Del mismo modo, pero en sentido inverso, los patrones globales de información influyen en los niveles más pequeños. Por ejemplo, el ritmo cardíaco afecta el equilibrio del sistema nervioso autónomo, que a su vez reajusta las ondas cerebrales (modulando cómo las neuronas se sincronizan) y cómo las células regulan sus ciclos (expresiones génicas); incluso los cambios en los campos y fotones emitidos por los tejidos repercuten en las reacciones químicas locales. De esta forma, la vida aparece como un ciclo cerrado donde la información fundamental se transforma en ambos sentidos (de lo más pequeño a lo más grande, y de lo mayor a lo más pequeño) en sus diferentes escalas: moléculas, células, campos, tejidos, señales (electromagnéticas y químicas) y estados globales de los sistemas y del organismo; donde cada nivel “informa” a los demás para mantener una coherencia organizativa que permita la vida.

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