En un contexto científico, “biocampo” puede designar el campo electromagnético producido por la actividad bioeléctrica de las células.
Por otra parte, desde enfoques más teóricos inspirados en la noción de información fundamental propuesta por J. A. Wheeler en 1989, se ha sugerido que los biocampos podrían interpretarse como medios a través de los cuales se organizan patrones de información que coordinan funciones biológicas a gran escala. Desde esta perspectiva, un biocampo sería un posible sustrato para comprender cómo se estructura la información en un sistema vivo.
La idea central es que los organismos vivos generan campos electromagnéticos —los biocampos— que podemos medir: señales eléctricas del cerebro y del corazón (con campos magnéticos débiles asociados), emisiones térmicas y biofotones. Estos campos reflejan actividad organizada, rítmica y estructurada. Desde la física de la información, puede interpretarse que tales señales transportan patrones que describen aspectos del funcionamiento del sistema vivo. Algunas propuestas teóricas, inspiradas en autores como Wheeler y en enfoques holísticos como los de Bohm, Laszlo o Sheldrake, plantean que la información podría ocupar un nivel más fundamental que la materia o la energía, y que podría influir en su organización. Estas ideas, sin embargo, no forman parte del consenso científico establecido en la actualidad.
Si usamos un lenguaje sencillo, podemos decir que la información describe patrones o relaciones posibles que, por sí solos, no tienen masa ni ocupan espacio. En muchos procesos físicos, la información se manifiesta a través de un soporte material —por ejemplo, señales químicas, actividad eléctrica o campos electromagnéticos—, pero también existen fenómenos, como el entrelazamiento cuántico, en los que aparecen correlaciones sin un intercambio de energía detectable. Desde esta perspectiva ampliada, puede considerarse que la información no siempre coincide con los flujos energéticos, aunque su expresión en el mundo macroscópico requiera un sustrato físico.
En este sentido, los biocampos generados por los organismos reflejan dinámicas organizadas de actividad biológica y pueden interpretarse como portadores de información sobre el estado del sistema. La energía y la información pueden distinguirse conceptualmente, pero en los organismos vivos suelen aparecer estrechamente entrelazadas: la información se expresa mediante procesos físicos y la energía se dispone de formas que codifican o sostienen esa información. Esta interacción es fundamental para entender cómo los sistemas vivos mantienen su estructura, coordinan procesos y regulan su desarrollo.
Desde esta perspectiva, los biocampos pueden considerarse como expresiones físicas de procesos biológicos organizados y, en un sentido más teórico, como posibles mediadores entre patrones de información y su manifestación en el organismo: crecimiento, simetrías corporales, ritmos fisiológicos, estabilidad de formas y respuestas adaptativas. En este enfoque, la información no se entiende como una sustancia, sino como un repertorio de configuraciones o relaciones posibles que requieren un soporte físico para hacerse efectivas. Así, la información puede concebirse como potencial o abstracta, pero solo adquiere capacidad operativa cuando se manifiesta a través de procesos energéticos o campos físicos que permiten su expresión.
La integración entre biocampos e información no obliga a abandonar la ciencia, sino a ampliarla. Por un lado, los campos electromagnéticos biológicos se describen con la física conocida y pueden medirse con gran precisión. Por otro lado, la información puede considerarse un ingrediente fundamental de los sistemas físicos y biológicos. Desde esta perspectiva, los sistemas vivos son lugares donde la información se refleja y organiza a través de procesos físicos: los biocampos son manifestaciones de patrones dinámicos de actividad celular que contribuyen a la coordinación y la autoorganización de los tejidos y órganos.
En conjunto, la vida puede entenderse como un sistema que integra energía e información: la energía, incluida la electromagnética, proporciona los medios para que los procesos biológicos se lleven a cabo, y la información organiza y regula esos procesos. La estructura biológica emerge de la interacción continua entre estos componentes, de manera que patrones de información se reflejan en procesos físicos coherentes. Esta perspectiva permite estudiar científicamente cómo la información, desde el nivel molecular y celular hasta el nivel sistémico, se relaciona con los campos electromagnéticos y contribuye a la organización y funcionamiento de los sistemas vivos.
Las investigaciones sobre las emisiones electromagnéticas ultradébiles producidas por sistemas biológicos —conocidas como biofotones— constituyen un campo emergente dentro de la biofísica. Su objetivo es caracterizar estas emisiones, comprender sus mecanismos de generación y explorar si pueden desempeñar algún papel funcional en procesos celulares, siempre dentro de los marcos establecidos de la física y la biología.
Aunque algunos autores han propuesto que ciertos fenómenos cuánticos —como coherencia cuántica o determinadas correlaciones— podrían influir en procesos biológicos específicos, la evidencia actual se limita a sistemas bien definidos (fotosíntesis, magnetorrecepción o de determinadas enzimas, entre otros ejemplos). La idea de que estos principios cuánticos sean relevantes a escala macroscópica o para explicar fenómenos agrupados bajo el término “medicina energética” requeriría estudios más exhaustivos, quizás a la luz de un paradigma científico más integrador.
El estudio de bioseñales electromagnéticas en organismos vivos, incluidas las emisiones fotónicas de baja intensidad, puede aportar información sobre procesos oxidativos, estrés celular o comunicación bioquímica indirecta, siempre que se realice con métodos reproducibles y dentro del marco conocido de la interacción luz-materia. Hasta la fecha, aún no existe una evidencia concluyente de que estas señales actúen como mecanismos de regulación biológica independientes de los ya conocidos sistemas bioquímicos y fisiológicos.
Algunos planteamientos teóricos sugieren que los campos electromagnéticos generados por la actividad celular podrían contribuir a la organización y coordinación de ciertos procesos fisiológicos. Sin embargo, los mecanismos centrales de la homeostasis siguen estando explicados por rutas bioquímicas, neuroendocrinas y celulares ampliamente documentadas. Cualquier posible contribución electromagnética adicional debe investigarse de manera crítica y empírica, evitando extrapolaciones no fundamentadas.
En biología, la homeostasis es el conjunto de fenómenos de autorregulación que conducen al mantenimiento de la constancia en la composición y propiedades del medio interno de un organismo vivo.
Como se ha comentado anteriormente, el concepto de biocampo se refiere a los diversos tipos de campos que participan en los procesos biológicos, incluyendo los campos electromagnéticos y, en particular, los biofotónicos asociados a los biofotones. Los organismos generan y responden a estos campos como parte de su autorregulación y organización celular, tisular y sistémica. Entre estos campos con información tenemos los relacionados con el corazón, encéfalo, músculos, así como los asociados a los procesos metabólicos y los biofotones celulares.
Campos eléctricos del corazón, cerebro, músculos:
Potenciales de acción y despolarización: Diferencia de potencial eléctrico (tensión) de microvoltios a milivoltios medidas en la superficie de la piel. Los ECG –electrocardiograma– tienen frecuencias aproximadas en el margen de 0,8 a 2,5 Hz y los EEG –electroencefalograma– en el margen de 1 a 100 Hz (según sean ondas del tipo α, β, γ, δ, θ, etc.)
Campos magnéticos del corazón, cerebro, músculos:
Corrientes iónicas asociadas a la actividad eléctrica: Campo magnético B del orden de fT femtoteslas – pT picoteslas (para el MEG –magnetoencefalograma–) a nT nanoteslas (MCG –magnetocardiograma–), con frecuencias similares a las eléctricas. Estas medidas se han logrado tener a una distancia de la piel de unos pocos centímetros (dependiendo de la sensibilidad del magnetómetro)
Radiación térmica (IR) de tipo caótico relacionada con los procesos metabólicos, que a temperatura corporal (≈37 °C) son de una longitud de onda λ de unos 10 µm (30 THz).
Los biofotones celulares (entre otras causas, debido a procesos redox) en el UV y luz visible (λ = 200 a 800 nm.), cuya intensidad es ultradébil (~10–100 fotones/s∙cm²). En los últimos años se viene estudiando la posibilidad de que determinados biofotones coherentes (con sus campos electromagnéticos en fase) puedan ser portadores de información intercelular (entre células). [Van Wijk, 2014]
La fisiología médica, la biología celular y la biofísica proporcionan el marco dentro del cual se estudian los biocampos, su células emisoras, receptoras y sus funciones. Desde esta perspectiva, se puede considerar que los biocampos afectan a los sistemas reguladores fisiológicos de una manera que complementa los mecanismos de base molecular más familiares.
Sobre la emisión electromagnética en biosistemas se podrían considerar dos niveles [Van Wijk, 2014] :
Nivel bioquímico: Luminiscencia biológica asociada a reacciones oxidativas exergónicas (exergónicas: asociado a una pérdida de energía: ΔE < 0 con ΔE = E2 – E1; siendo E1 la energía del estado inicial y E2 la del estado final) sin capacidad de regulación intercelular conocida.
Nivel biofísico (bioelectromagnético): Se ha propuesto que ciertos campos podrían desempeñar funciones de comunicación o regulación entre células (por ejemplo, los biofotones) y que otros, como los campos ELF (de extra baja frecuencia), podrían estar relacionados con ritmos biológicos y cronobiológicos, incluyendo patrones circadianos [Van Wijk, 2014; Bardasano, 2009]. .
La glándula pineal, o epífisis, forma parte del epitálamo encefálico y tiene el tamaño de un piñón, situada en el centro del encéfalo. Actúa como regulador de los ritmos circadianos mediante la secreción de melatonina y otras sustancias, sincronizando los procesos biológicos con el ciclo luz-oscuridad. Se ha planteado que la glándula pineal podría ser sensible a campos geomagnéticos, incluyendo micropulsaciones y resonancias de Schumann alrededor de 7,8 Hz (campos ELF, de frecuencia extra baja), frecuencias cercanas a los ritmos α cerebrales. [Bardasano, 2009]
En resumen, se ha acumulado suficiente evidencia para considerar la fisiología de los biofotones como partes del biocampo como una disciplina científica viable que debería investigarse a nivel biofísico, promoviendo su conocimiento desde la mecánica cuántica: entrelazamiento cuántico de biofotones. Esto con un tiempo de coherencia suficiente, aunque pequeño, que permita determinados procesos cuánticos funcionales. Se están estudiando estructuras biológicas que podrían establecer espacios donde la decoherencia (o pérdida de la coherencia) sea menor, permitiendo así tiempos de coherencia mayor (nanocanales o cavidades proteicas y estructuras cuasicristalinas). [Hammerschlag, R. 2015] [Bischof, 2013] [Thaheld, 2005] [Rein, 2004]
Como se presentó anteriormente, el concepto de campo en física se refiere a un elemento (no material) que interactúa con un objeto (un campo no se puede detectar directamente, sino solo a través de su acción sobre una sonda). Por lo tanto, las interacciones del biocampo pueden influir y ser influenciadas por una variedad de vías biológicas que incluyen procesos bioquímicos, celulares y neurológicos, ya que modulan la actividad y el flujo de información a través de múltiples niveles en los sistemas vivos. Así pues, el biocampo puede considerarse como un principio organizativo “sin masa” o basado en información de acuerdo con la definición original propuesta por el comité asesor de NIH de 1992 (NIH es el National Institute of Health de Maryland. EE. UU.)
Reconozcamos que el actual paradigma (marco de referencia) científico, de tipo dominantemente materialista, está cumpliendo un valioso papel, pero tiene límites y no debería convertirse en dogma.
El progreso del conocimiento surge al cuestionar razonablemente los límites del paradigma vigente, especialmente cuando dicho marco de referencia impide avanzar en áreas que exceden lo estrictamente material o bioquímico.
Las ideas nuevas requieren una adecuada evidencia, pero no deben rechazarse solo por desafiar el paradigma vigente. El futuro de la ciencia seguramente incluirá conceptos que hoy parecen improbables.
Algunas ideas novedosas (en parte, lo que se está escribiendo aquí) pretenden ser una avanzadilla del conocimiento, y, humildemente, eso es precisamente lo que el paradigma actual de la ciencia necesitaría para evolucionar y, si es preciso, cambiar.
La actividad bioeléctrica y biomagnética de los tejidos biológicos, la coherencia (de fase) entre células y la emisión de biofotones pueden transportar información que modularía diversos procesos metabólicos y de homeostasis. Hipotéticamente, esta red de información podría influir en la organización celular y su epigenética. Este enfoque podría complementar los tratamientos convencionales para enfermedades que no responden a terapias bioquímicas puras.
El problema no es que la ciencia mire donde hay «luz» (le es cómodo y rentable mirar ahí), eso es natural. El problema es que quienes intentan investigar sistemáticamente en las zonas «oscuras» —usando nuevas metodologías, modelos más amplios o herramientas no convencionales— son frecuentemente descalificados, ridiculizados o expulsados del consenso científico. No porque estén equivocados, sino porque desafían la comodidad, la estabilidad y los intereses del paradigma vigente.
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Modelo de integración del sustrato de “información física fundamental” y el “energético electromagnético” de los procesos biológicos
Patrones de Información en un sustrato de Información Física Fundamental (Wheeler/Vedral)
J. A. Wheeler: “it from bit” → los estados físicos derivan de elecciones binarias/estructuras informacionales. [Wheeler, 1989]
V. Vedral: la información cuántica es el recurso primario; las interacciones físicas son transformaciones de información (entropía, correlaciones, coherencia, entrelazamiento). [Vedral, 2018]
Hipótesis de integración
El sustrato informacional no es “algo separado”, sino que:
Se manifiesta como distribuciones de campos y correlaciones cuánticas en la materia.
En biología, la organización viva selecciona y mantiene subconjuntos específicos de patrones de información.
En este nivel, la información es física en sentido estricto: estados cuánticos, correlaciones, restricciones termodinámicas.
Red cuántico-molecular (proteínas, ADN, agua estructurada)
Biomoléculas como sistemas donde la información cuántica se tiene como:
Conformaciones energéticas,
Vibraciones colectivas,
Estados cuasi-coherentes en regiones de agua organizada (tipo G. Pollack, sin necesidad de adoptar sus extremos). [Pollack, 2013]
Conexión con el sustrato fundamental
Aquí la información fundamental “se amplifica”:
correlaciones cuánticas → excitaciones vibracionales → polarizaciones → micro-campos electromagnéticos.
Relevancia para biofotones
Transiciones electrónicas y vibro-electrónicas generan:
fotones térmicos estocásticos (radiación de cuerpo negro a 37 °C),
eventos de emisión ultra-débil parcialmente coherente (biofotones de F. A. Popp). [Popp, 1994, 2002, 2003]
Nivel energético: campos electromagnéticos (EM)
Campos electromagnéticos celulares (dominios EM locales)
Las células producen EM por:
cargas en movimiento (potenciales de membrana),
corrientes iónicas,
dipolos de proteínas y agua,
actividad mitocondrial y redox.
Estos campos:
integran estados cuántico-moleculares,
coordinan procesos metabólicos (frecuencias resonantes),
establecen micro-códigos electromagnéticos para sincronización (picos de Ca²⁺, potenciales, oscilaciones, etc.).
Conexión hacia escalas mayores:
Los dominios EM celulares se acoplan mediante:
conducción tisular,
resonancia,
corrientes iónicas,
campos EM débiles de rango medio.
Campos EM tisulares y de órganos:
Corazón
El corazón genera el campo EM más intenso del cuerpo (ECG):
No es “información mágica”, sino suma coherente de millones de cardiomiocitos.
El ritmo cardíaco actúa como marcador global de estado energético, modulador de ritmos autonómicos.
Encéfalo
Las oscilaciones corticales (EEG/MEG) son modos colectivos electromagnéticos que codifican:
integración sensorial,
sincronización de redes,
señales macroscópicas (ondas cerebrales alfa, beta, gamma, delta, theta).
Músculo
Actividad EM muscular (EMG) es la superposición (suma) de potenciales de acción.
Relacionado con microcampos metabólicos.
Retina
La retina combina:
campos locales de transducción molecular (proteínas sensibles a la luz que se encuentran principalmente en las células fotorreceptoras de los ojos),
corrientes EM de señalización,
emisión fotónica dependiente del metabolismo (medible).
Fotones térmicos y biofotones coherentes
Fotones térmicos
Proceden de procesos metabólicos (radiación infrarroja).
Son estocásticos y llevan información termodinámica: fluctuaciones, variabilidad, disipación.
Biofotones coherentes (Popp, emisión ultra-débil)
Estos fotones pueden interpretarse como resultado de:
desexcitación de especies oxidativas (ROS controlados),
recombinación de radicales,
excitaciones coherentes en estados vibro-electrónicos,
fenómenos de coherencia parcial.
En nuestro modelo, los biofotones son un canal “informacional-luminiscente” derivado del acoplamiento los patrones de información y el dominio EM (electromagnético) local.
El ciclo informacional de la vida
De lo fundamental a lo fisiológico:
Información cuántica fundamental (Wheeler / Vedral),
correlaciones moleculares,
microcampos EM celulares,
campos EM tisulares y de órganos,
patrones fotónicos (térmicos/coherentes).
Los campos macroscópicos establecen una retroalimentación:
Campos cardíacos modulan vagalidad → metabolismo celular.
Ritmos cerebrales modulan sincronía de redes moleculares sin entrar en fantasías (simple resonancia y control neuroendocrino).
La producción fotónica influye en ciclos redox, ya que afectan los estados cuántico-moleculares.
Hay que considerar que el nervio vago regula algunas funciones metabólicas.
Un circuito cerrado de codificación/decodificación de información física.
La vida aparece como una arquitectura multinivel donde la información física fundamental se organiza jerárquicamente en campos electromagnéticos y emisiones fotónicas, manteniendo coherencia parcial o global gracias al metabolismo.
Información – Correlaciones – Campos – Señales macroscópicas (ECG, EEG, etc.).
En la base de la vida, la información no es algo abstracto: es parte física del mundo. Se expresa en la forma en que las moléculas vibran, se pliegan y se comunican mediante pequeñas corrientes eléctricas y correlaciones cuánticas. Las proteínas, el ADN o el agua organizada en el citosol celular, forman redes donde estos patrones informacionales se mantienen gracias al metabolismo. Aquí, lo esencial es que la vida selecciona y sostiene ciertos patrones de orden, como si filtrara qué información física debe conservar para funcionar. Desde este nivel microscópico nace el “primer paso” del flujo de información hacia arriba: correlaciones cuánticas → vibraciones moleculares → pequeños campos electromagnéticos celulares.
Escalando hacia los tejidos y órganos – integración electromagnética:
Cuando muchas células funcionan juntas, sus pequeños campos eléctricos y magnéticos se superponen (suman) y se acoplan. Así aparecen patrones de mayor escala, como los campos del cerebro, del corazón o musculares. Estos campos más grandes no son algo separado de la materia: son energía organizada que integra la actividad de millones de células. Por ejemplo, el latido cardíaco y las ondas cerebrales se forman a partir de la cooperación electromagnética celular y se convierten en señales globales que representan el estado del órgano completo. En este punto, la información molecular ya se ha “amplificado” hasta convertirse en patrones visibles a escala macroscópica.
Desde los órganos hacia el organismo – patrones globales de información:
A nivel del cuerpo entero, los campos electromagnéticos grandes (como el del corazón o el cerebro) actúan como organizadores globales. No controlan “mágicamente” a las células, pero sí influyen en ellas para modular ritmos, hormonas, señales químicas y estados metabólicos. En este sentido, el organismo establece un marco informacional común que coordina muchas partes al mismo tiempo. También entran en juego las emisiones de luz ultra-débil —biofotones— que surgen de reacciones químicas y vibracionales, y que reflejan el estado oxidativo y energético de los tejidos. Así, el flujo ascendente de información continúa: de células → tejidos → órganos → señales corporales completas.
Del mismo modo, pero en sentido inverso, los patrones globales de información influyen en los niveles más pequeños. Por ejemplo, el ritmo cardíaco afecta el equilibrio del sistema nervioso autónomo, que a su vez reajusta las ondas cerebrales (modulando cómo las neuronas se sincronizan) y cómo las células regulan sus ciclos (expresiones génicas); incluso los cambios en los campos y fotones emitidos por los tejidos repercuten en las reacciones químicas locales. De esta forma, la vida aparece como un ciclo cerrado donde la información fundamental se transforma en ambos sentidos (de lo más pequeño a lo más grande, y de lo mayor a lo más pequeño) en sus diferentes escalas: moléculas, células, campos, tejidos, señales (electromagnéticas y químicas) y estados globales de los sistemas y del organismo; donde cada nivel “informa” a los demás para mantener una coherencia organizativa que permita la vida.
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