Desde hace más de cuatro décadas se ha venido notificando en diversos trabajos la presencia de luz, en el rango visible, infrarrojo y ultravioleta (con unas longitudes de onda que van, aproximadamente, entre los 200 y 800 nanómetros), generada en la mayoría de los seres vivos, que se irradia constantemente hacia el exterior. Esta luz, que es extremadamente débil y es una forma de luminiscencia retardada (delayed luminescence), se denominó emisión de biofotones. [Popp, 1992] [Fels, 2009] [Van Wijk, 2014]
Hay otras formas de bioluminiscencia (luminiscencia biológica) que se producen en organismos vivos, como las luciérnagas, que no debe confundirse con los biofotones; ya que esta forma de bioluminiscencia se produce por la presencia de bioquímicos específicos en estos organismos. Los biofotones, sin embargo, son cuantos de luz que se generan en el cuerpo y se irradian desde su interior. Por lo mismo, esta es una forma de radiación electromagnética (EM) de origen biológico -biocampo-.
Se cree que las emisiones espontáneas de biofotones están asociadas a la generación de radicales libres debido a procesos metabólicos energéticos (ROS, etc.) en la mitocondria. Dado que estos procesos metabólicos dinámicos son comunes en la mayoría de los sistemas vivos, es probable que todos ellos produzcan biofotones. Del mismo modo, estas emisiones de luz son extremadamente débiles y, por lo tanto, no se pueden observar a simple vista. Las detecciones de biofotones necesitan de contadores de fotones especiales, tan sensibles como para captar un solo fotón, basados en fotomultiplicadores y dispositivos CCD a baja temperatura. [Van Wijk, 2014]
Los biofotones tendrían entre sus características más relevantes:
1) Cuenta de fotones registrada por el detector: Probabilidad de tener n fotones en un intervalo de tiempo ∆t, P(n, ∆t), seguiría la estadística de Poisson:
P(n, ∆t) = (λn/n!) e-λ
Siendo λ el promedio de n, es decir λ = <n>.
2) Rango espectral de longitudes de onda:
200 a 800 nm.
3) La intensidad total (cuenta de n fotones) va de pocas unidades a cientos de fotones/seg/cm2.
La comunicación y el control son esenciales tanto dentro de las células como entre ellas, ya que permiten mantener la homeostasis, siendo este un proceso de autorregulación mediante el cual los sistemas biológicos conservan la estabilidad adaptándose a las condiciones óptimas para la supervivencia. Siempre se ha creído que ambas funciones se logran por medios bioquímicos. Basándonos en los trabajos de los biofísicos Popp (de Alemania) y Van Wijk (de los Países Bajos), se ha propuesto que los biofotones son un tipo de luz coherente que da sentido a una alternativa de comunicación y control entre células. [Popp, 1992] [Popp, 1994] [Van Wijk, 2014] [Benfatto, 2021]
En 2025, en el Weill Cornell Medical College de Nueva York en EE. UU. y en la Universidad de Algoma de Ontario en Canadá, Nicola Rouleau y otros colegas publican sus investigaciones sobre cómo las emisiones ultradébiles de fotones (UPEs -biofotones-) emitidas por el cerebro podrían servir como marcadores ópticos de la actividad cerebral, diferenciándose de la luz de fondo (como ruido) y de la luz térmica metabólica (aleatoria) en propiedades espectrales y entropía, mostrando respuestas dinámicas a tareas y estimulación. [Casey & Rouleau et al., 2025] [Rouleau et al., 2022]
La transferencia de información es fundamental en la vida. Algunos estudios han propuesto que las células usan fotones (de una fuente endógena) como portadores de información. Las células pueden tener influencia sobre otras células incluso cuando se separan con una barrera de vidrio, lo que impide la difusión de moléculas a través del medio que las contiene; aunque todavía no se sabe lo suficiente sobre el potencial de los fotones para la comunicación intercelular (p. ej. en procesos de división celular y de absorción de energía). [Fels, 2009] [Benfatto, 2021]
Las células pueden influirse entre sí sin utilizar una señal molecular para ese propósito: esto significa que no todos los procesos celulares se basan necesariamente en el reconocimiento de una molécula-receptor. Lo más probable es que las señales no moleculares sean en forma de radiación electromagnética (biofotones). Si es así, las células utilizan más de una frecuencia para la transferencia de información (para su influencia mutua). Los efectos son múltiples, actuando positiva o negativamente sobre el crecimiento celular, el crecimiento correlacionado y la absorción de energía. [Popp, 2007]

Fritz-Albert Popp. Neuss. Alemania. Boceto a lápiz de JMP basado en un original de 2010.
La investigación sobre la emisión de biofotones humanos viene apareciendo en la literatura desde la década de 1970. Su naturaleza es generalmente descriptiva y se entiende que su etiología está en relación con la fisiología (procesos metabólicos, etc.) del organismo humano. [Dalmau-Santamaría, 2013]
Para su detección y medida se requieren instrumentos de muy alta sensibilidad (fotomultiplicadores y cámaras CCD refrigeradas, amplificadores diferenciales, filtros ópticos, etc.) [R. Van Wijk, 2014]
Los resultados experimentales sugieren que los biofotones pudieran estar asociados a campos electromagnéticos coherentes (y/o en estado comprimido -squeezed state-) [R. Van Wijk, 2008] [Cifra, 2015] [Brouder, 2015] dentro de los organismos vivos. Como escribió A. Gurwitsch en 1959: «Los biofotones podrían ejercer una función regulatoria y de comunicación intra e inter-celular.»
Los trabajos de Chang (1998), Fisch (1998), Bajpai (2003), Popp (2003), Shen (2005), Wang (2013) y Cifra (2015) se apoyan en que una condición necesaria de coherencia (para un campo electromagnético estacionario y ergódico) es que siga una distribución de Poisson en las estadísticas de detección y cuenta de fotones.
Según M. Yip y P. Madl de la Universidad de Salzburgo – Austria (2006): «Prácticamente todos los organismos emiten luz a un ritmo constante de unos pocos fotones por célula por día a varios cientos de fotones por organismo por segundo. La emisión de biofotones es universal para los organismos vivos, estando fuertemente correlacionada con el ciclo celular y otros estados funcionales de las células y organismos, respondiendo a muchos estímulos externos. La propiedad coherente de este campo biofotónico es, por tanto, una capacidad comunicativa celular, sin la cual no se podría comprender completamente el estado de cada célula, no limitándose a su proximidad inmediata, involucrando a todo el organismo.» [Yip, M. y Madl, P., 2006]
Sin embargo, desde un punto de vista biofísico, todavía se precisaría de más investigación.
Comentarios sobre coherencia cuántica y macroscópica
La coherencia cuántica a escala macroscópica conduce a fenómenos novedosos, denominados fenómenos cuánticos macroscópicos. Por ejemplo, el campo electromagnético con coherencia espacial y temporal -luz láser- es un ejemplo de un sistema cuántico altamente coherente cuyos efectos son evidentes a escala macroscópica.
Según Bajpai (2003): «La coherencia macroscópica es una propiedad que describe un sistema en el marco clásico, en el que las subunidades de un sistema actúan de manera cooperativa. Tanto las señales de biofotones estimuladas como las espontáneas muestran propiedades que pueden atribuirse a las acciones cooperativas de muchas unidades emisoras de fotones.» [R. P. Bajpai, 2003]
La transmisión y el procesamiento de información neuronal (o neuro-glial) en el sistema nervioso desempeñan un papel crucial. Está bien aceptado que la comunicación neuronal está mediada por bioelectricidad y moléculas químicas a través de procesos basados en potenciales de acción. De hecho, las teorías tradicionales parecen dar explicaciones valiosas para las funciones básicas del sistema nervioso, pero es difícil construir conceptos o principios generalmente aceptados para proporcionar explicaciones razonables de funciones cerebrales superiores y actividades mentales: como la percepción, el aprendizaje, la memoria, las emociones y la consciencia. Por lo tanto, quedan muchas preguntas y debates sin respuesta sobre la codificación neuronal y los mecanismos de las redes neuronales.
La comunicación entre células mediante biofotones, se ha evidenciado en diversas plantas, bacterias y células animales. Recientemente, tanto la evidencia experimental como diversos planteamientos teóricos han sugerido que los biofotones podrían desempeñar un papel en la transmisión y el procesamiento de señales neuronales, contribuyendo a la comprensión de las funciones superiores del sistema nervioso.
Además, el entrelazamiento cuántico podría desempeñar un papel crucial en la función cerebral y de la consciencia. Recientemente se ha estudiado la fotoemisión (oxígeno) como mensajero cuántico (coherente) para establecer conexiones a larga distancia que podrían ser esenciales para la consciencia. El papel de los pares de radicales libres en la reorganización de los microtúbulos neuronales y la generación de biofotones es bien reconocido y es una parte importante en la función neuronal y, como resultado, en la función cerebral y la consciencia.
El cerebro como soporte de nuestra consciencia es capaz de orquestar los múltiples eventos externos en paralelo a través de entradas sensoriales, combinados con el procesamiento cognitivo interno para obtener una percepción estable del entorno. Esto depende principalmente de la percepción de la experiencia sensorial consciente basada en el muestreo rítmico de información de manera más efectiva mediante información visual (y otras). Cabría destacar la gran importancia del proceso de la visión, que es un proceso cuántico en la retina.
Es muy interesante observar que la naturaleza fue capaz de utilizar la física clásica y la cuántica (mecánica cuántica) de manera conjunta y sin competencia, para combinarlas y obtener los máximos beneficios. Desde la transferencia de fotones en la retina hasta la transferencia de potenciales eléctricos neuronales, con las diversas interacciones en diferentes centros del cerebro, tanto la física clásica con sus modelos químicos y eléctricos de comunicación, como la transferencia de energía coherente de la mecánica cuántica -biofotones-, trabajan de la mano para obtener resultados óptimos.
Estudios recientes en primates sugieren que varias funciones cognitivas visuales exhiben efectos rítmicos lentos, lo que estaría respaldado por oscilaciones cerebrales de baja frecuencia, principalmente en el rango de frecuencia de 4 a 8 Hz. Las oscilaciones cerebrales alfa (8-12 Hz) desempeñan un papel en muchas funciones cognitivas, incluida la percepción visual. La amplitud y fase de la oscilación alfa parecen predecir la excitabilidad cortical. Esto enfatiza el importante papel de la información visual en el proceso de la consciencia, ya que aproximadamente un tercio de la superficie cortical del cerebro de los primates está involucrada en tareas de procesamiento visual; sin embargo, en el caso de personas con discapacidad visual, la plasticidad del cerebro lo compensa, volviendo a cablear otras entradas sensoriales en lugar de las entradas ópticas en el proceso de la consciencia.
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Estudios y trabajos recientes
La neurociencia cuántica es una disciplina interdisciplinaria que explora cómo los principios de la mecánica cuántica pueden influir en los procesos cerebrales, especialmente en la consciencia y la cognición. Aunque tradicionalmente se pensaba que los efectos cuánticos no podían sostenerse en el entorno cálido y húmedo del cerebro, estudios recientes han comenzado a desafiar esta visión. Por ejemplo, diversas investigaciones han sugerido que la mielina (La mielina es una sustancia grasa -lipídica- que recubre los axones de las neuronas. Su función principal es aumentar la velocidad de conducción de los impulsos nerviosos -potenciales eléctricos de acción- y proteger las fibras nerviosas.) de los axones de las neuronas, podría facilitar el entrelazamiento cuántico de fotones, evitando la decoherencia durante un tiempo suficientemente grande para permitir una sincronización eficiente de la actividad neuronal. [Rendong, 2014] [Kienitz, 2021] [Kambiz, 2023]
Recordando que los biofotones son generados por procesos biológicos no térmicos. En el cerebro, se ha observado que las neuronas emiten biofotones durante estados de reposo y actividad cognitiva. Un estudio teórico ha propuesto que la mielina podría actuar como una cavidad electromagnética, facilitando la generación de pares de fotones entrelazados. Este fenómeno podría permitir una comunicación instantánea a lo largo de los axones, complementando los tradicionales impulsos eléctricos -basados en procesos bioquímicos iónicos-.
Cabe destacar la importancia de no confundir la emisión de biofotones de los sistemas vivos con otros procesos biogénicos de emisión de luz, como la bioluminiscencia o la quimioluminiscencia. Mediante consideraciones de la mecánica cuántica de los fotones, el fenómeno empírico de la UPE (Ultraweak Photon Emission o emisión de fotones ultra-débil) nos conduce a la descripción del origen no térmico de esta radiación, lo cual concuerda con la comprensión moderna de los fenómenos vitales como procesos disipativos alejados del equilibrio termodinámico.
La UPE también respalda la idea de que los procesos que sostienen la vida están, en lo fundamental, impulsados por campos electromagnéticos. Las características básicas de la UPE, como la intensidad y la distribución espectral, se conocen en principio para muchas situaciones experimentales. Como ejemplo, la UPE de los leucocitos humanos contribuye a un campo luminoso endógeno de aproximadamente 10¹¹ fotones × s⁻¹, el cual puede ser influenciado por ciertos factores.
Se requiere más investigación para revelar las propiedades estadísticas de la UPE y, en consecuencia, responder a preguntas sobre los mecanismos subyacentes de los sistemas biológicos. En principio, las propiedades estadísticas de la UPE permiten reconstruir la dinámica en el espacio de fases de las estructuras emisoras de luz.
Ahora se sabe que el modelo del funcionamiento cerebral, que ha sido dominante en la neurología durante siglos, no puede explicar fácilmente algunos procesos neuronales de orden superior asociados con la consciencia y otros fenómenos neuropsicológicos.
Sin embargo, en los últimos años, se ha vuelto cada vez más evidente que el cerebro es altamente receptivo a los campos electromagnéticos (EM) y a la luz, y que los emite con facilidad. De hecho, los tejidos cerebrales pueden generar campos electromagnéticos endógenos y complejos, así como emisiones fotónicas ultradébiles -biofotones- dentro de los espectros electromagnéticos (EM) visible y cercano al visible. Los mecanismos neuronales basados en campos EM, como el acoplamiento efáptico (En neurociencia, el acoplamiento efáptico es un tipo de comunicación entre neuronas que no depende de sinapsis químicas ni de uniones eléctricas directas -gap junctions-, sino de los campos EM locales generados por la actividad de las neuronas vecinas.) y la señalización óptica cerebral no visual, amplían las modalidades canónicas de señalización neuronal y están empezando a desafiar los modelos convencionales del funcionamiento cerebral. Hay argumentos basados en la evidencia a favor de la existencia de procesos cerebrales causados por la transmisión de señales electromagnéticas extracerebrales, aunque todavía se precisen más ensayos experimentales. [Casey & Rouleau et al., 2025] [Rouleau et al., 2022] [Schwabl et al., 2005]
El entrelazamiento cuántico es un fenómeno en el que dos partículas -en este caso, biofotones- permanecen correlacionadas instantáneamente, sin importar la distancia que las separe. Investigaciones recientes han sugerido que este fenómeno podría ocurrir en el cerebro, facilitado por la mielina. Este entrelazamiento podría ser fundamental para la sincronización de millones de neuronas, un proceso esencial para la consciencia y el procesamiento de información. [Liu et al., 2024] [Gassab et al., 2024] [Kumar et al., 2016]
Estudios recientes plantean que las vibraciones de enlaces C–H en las colas lipídicas de las neuronas pueden, dentro de una cavidad óptica cilíndrica formada por su vaina de mielina, sufrir emisiones espontáneas y procesos en cascada que generen pares de biofotones entrelazados. Esos pares entrelazados (entangled) podrían actuar como “recursos cuánticos” que el sistema nervioso usaría para «compartir información» y sincronizar grupos de neuronas. [Liu et al., 2024] [Kumar et al., 2016] [Chung et al., 2024] [Flanagan et al., 2020] [Popp, 2002 y 2003] [Hergoz et al., 2008] [Schneeloch et al., 2016]
Fundamentos biofísicos
a) Vibraciones C–H y biofotones
Los enlaces C–H en colas lipídicas tienen un espectro en la región de número de onda ~2800–3000 cm⁻¹ (banda Raman/IR de lípidos). Esa banda corresponde a longitudes de onda en el infrarrojo medio: por ejemplo, 3000 cm⁻¹ → λ ≈ 3,33 μm = 3300 nm; 2800 cm⁻¹ → λ ≈ 3,57 μm (energías del biofotón ≈ 0.37 eV y 0.347 eV, respectivamente). La relación número de onda↔ λ (y energía) y la importancia de las bandas C–H en lípidos están bien documentadas por trabajos de espectroscopia vibracional en membranas.
b) Cavidad y modificación de la emisión espontánea (efecto Purcell / cQED)
Una cavidad que confina modos electromagnéticos modifica las tasas de emisión espontánea y la estructura espectral de la radiación (según la teoría de electrodinámica cuántica -QED- para cavidades). En óptica molecular reciente se han mostrado acoplamientos fuertes entre cavidades nano-plasmónicas (Un plasmón es la oscilación colectiva de los electrones libres en un material, frente a un campo eléctrico externo, como el de la luz.) y emisiones biomoleculares a temperatura ambiente, ilustrando que la materia biomolecular puede interactuar fuertemente con determinados modos de la cavidad en condiciones no-extremas. Esto es una base teórica/experimental que considera que determinadas estructuras biológicas (o nanoestructuras dentro de ellas) pueden ser “cavidades resonantes”.
c) Generación de biofotones por procesos en cascada, dentro de una cavidad
En óptica cuántica existen mecanismos bien estudiados para generar pares de fotones -biofotones- correlacionados instantáneamente -y entrelazados-.
d) Por qué la mielina actúa como “cavidad/guía”
La mielina es una estructura laminar con índice de refracción distinto al medio interno/externo del axón; modelos electromagnéticos han mostrado que la vaina mielínica puede soportar modos guiados (es decir, actuar como una guía o cavidad cilíndrica) bajo condiciones normales, lo que permitiría que los fotones generados localmente se confinen y propaguen. Esto apoya la idea de que una estructura cilíndrica biológica podría modificar la emisión óptica.
Según los trabajos publicados recientemente, determinadas interacciones con el campo de la cavidad puede aumentar la probabilidad de una emisión espontánea y permitir procesos de emisión en cascada que producen un número apreciable de pares de fotones -biofotones- entrelazados. La enorme abundancia de unidades C–H en neuronas podría ser una fuente local de pares de biofotones entrelazados que, en principio, la red nerviosa podría usar, dentro de los límites de la decoherencia térmica a temperatura corporal y en medio acuoso. [Liu et al., 2024] [Kumar et al., 2016] [Chung et al., 2024] [Flanagan et al., 2020] [Popp, 2002 y 2003] [Hergoz et al., 2008] [Schneeloch et al., 2016]
El reto actual está en medir esta emisión ultradébil -biofotones- en la banda IR (infrarroja) desde axones mielinizados in vitro, comparando fibras mielinizadas y no mielinizadas y realizando las mediciones de correlación de coincidencia y/o interferometría (HOM: Higher-Order Mode) entre los biofotones emitidos para verificar su entrelazamiento. Estas pruebas exigen detectores muy sensibles de un solo fotón en IR y la estadística suficiente.
Además, si trasladamos el concepto de «reservorio cuántico» a biofotones y neuronas se tendría que estas constituyen el sistema cuántico principal y un «campo de información auxiliar» podría actuar como un reservorio cuántico para mantener la coherencia de biofotones el tiempo necesario (evitar la decoherencia rápida en el entorno biológico) y para facilitar “entrelazamiento” hipotético entre neuronas.
En conclusión, la idea es plausible en términos de modelos teóricos: existe literatura que muestra que: (i) la mielina puede guiar/modificar luz -biofotones-, (ii) las bandas vibracionales C–H son reales y accesibles por espectroscopía, y (iii) la cavidad QED con biomoléculas a temperatura ambiente es un campo activo con resultados experimentales recientes. Sin embargo, la hipótesis de que el cerebro use de forma funcional pares entrelazados de biofotones generados por vibraciones C–H en la mielina está todavía pendiente de más estudio, requiriendo más experimentos directos: detección de biofotones (luz ultra-débil), medidas de correlación/entrelazamiento y pruebas de robustez frente a la decoherencia.
Comentarios sobre la idea de un “reservorio cuántico” en el cerebro, en el marco de los estudios actuales sobre biofotones entrelazados, y la posibilidad de que tengan un papel funcional para producir y mantener un entrelazamiento entre biofotones -una coherencia instantánea- produciendo así, entre grupos de neuronas, un sistema de «neuronas entrelazadas»:
1. Biofotones en el cerebro
- Las neuronas, como otras células, emiten de forma espontánea fotones de muy baja intensidad (en el rango UV-visible), llamados biofotones.
- Se han detectado emisiones biofotónicas en la actividad mitocondrial y en el núcleo celular.
- Aunque se pensaba que eran ruido metabólico, algunos investigadores sugieren que podrían estar regulados y tener funciones de señalización.
2. Reservorio cuántico
- En física cuántica, un reservorio o baño cuántico es el entorno con el que interactúa un sistema cuántico (p. ej., un átomo o un qubit).
- Ese entorno no siempre es un «ruido destructivo»; en algunos contextos, puede preservar, transferir o incluso generar correlaciones cuánticas instantáneas -entrelazamiento-.
- La hipótesis aplicada al cerebro es que las neuronas podrían compartir un reservorio cuántico común a través de biofotones que circulan y permanecen entrelazados dentro de estructuras neuronales (como microtúbulos, membranas o incluso la mielina actuando como guías de onda).
3. Entrelazamiento y correlaciones neuronales
- Si los biofotones emitidos por neuronas permanecen entrelazados cuánticamente, podrían actuar como «canales instantáneos» de correlación entre neuronas alejadas.
- Esto no significaría transmisión de información más rápida que la luz (la mecánica cuántica lo prohíbe), pero sí una coherencia global en la actividad neuronal.
- En teoría, eso permitiría que diferentes regiones del cerebro sin conexión sináptica directa mantengan estados entrelazados -y correlacionados de forma instantánea- de manera más eficiente de lo que permitirían los mecanismos puramente clásicos (bioquímicos con potenciales de acción).
4. El papel del reservorio cuántico
- Sería una especie de entorno fotónico compartido en el que los biofotones de distintas neuronas interactúan y mantienen correlaciones cuánticas.
- Este reservorio estabilizaría la coherencia cuántica frente a la decoherencia térmica del entorno biológico (un gran problema para cualquier efecto cuántico en el cerebro).
- De esta manera, las neuronas no serían islas independientes, sino sistemas acoplados por un campo cuántico subyacente.
5. Estado actual
- La existencia de biofotones está confirmada.
- Que funcionen como canales de comunicación entre neuronas es todavía hipotético.
- Que puedan estar entrelazados y que exista un reservorio cuántico cerebral es una idea en exploración, sin evidencia experimental concluyente.
- Algunos experimentos tratan de medir correlaciones biofotónicas y su posible guía por estructuras celulares, pero las investigaciones están aún en sus inicios.
En resumen: el reservorio cuántico en el cerebro sería un entorno compartido de biofotones entrelazados que permitiría correlaciones instantáneas entre neuronas, funcionando como un canal cuántico adicional al sináptico. Es una hipótesis fascinante, pero aún algo especulativa y sin verificación experimental sólida.
Comentarios
Muchos científicos y filósofos de la ciencia han expresado lo anterior en términos parecidos a la metáfora de la orquesta con un director invisible.
En la fotosíntesis el rendimiento cercano al 100 % para el transporte de energía (excitónica), llevó a sospechar que un simple modelo clásico, puramente difusivo o termodinámico, no podía explicarlo del todo.
Por eso surgieron las teorías de coherencia cuántica funcional: la idea de que los excitones exploran varias rutas simultáneamente (superposición), eligen la más eficiente y se transfieren casi sin pérdidas.
Aunque todavía hay debate sobre cuánto de esto es electrónico puro y cuánto es vibro-acoplamiento, lo cierto es que el fenómeno tiene un componente cuántico real y medido.
En el cerebro se observa una sincronización instantánea entre áreas muy alejadas, oscilaciones coherentes (ondas EEG: gamma, beta, theta, etc.) y coordinación de poblaciones neuronales como si hubiera un «batuta» central.
El modelo clásico (potenciales eléctricos + neurotransmisores) explica mucho, pero deja incógnitas sobre la rapidez, precisión y globalidad de esa coordinación. Ahí es donde algunos investigadores plantean que debe de haber procesos cuánticos subyacentes —quizá basados en biofotones, en dinámicas moleculares de microtúbulos, o en la física de membranas y vainas de mielina.
En el límite actual, al igual que en fotosíntesis parecía «obvio» que la eficiencia implicaba un mecanismo cuántico, en el cerebro la armonía y rapidez sugieren un principio oculto.
- Pero la demostración experimental aún no ha llegado: no tenemos herramientas capaces de probar entrelazamiento de biofotones en tejido nervioso vivo.
- Eso no invalida la hipótesis: simplemente nos recuerda que la ciencia a veces ve el «efecto global» mucho antes de tener los instrumentos para detectar la «causa microscópica».
En síntesis, decir que “aunque no se haya medido, el cerebro probablemente funcione con procesos cuánticos de coherencia y quizá entrelazamiento” es una hipótesis legítima, inspirada en el paralelismo con la fotosíntesis. No es demostrable hoy, pero tampoco es absurdo: está en la frontera entre intuición física, biología cuántica y filosofía de la mente.